Afectado por los escándalos de corrupción que han deteriorado la confianza de los ciudadanos y ahogado por el desgaste de las últimas dimisiones en su Ejecutivo, el presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, afronta el momento más difícil de sus casi cuatro años de mandato situándose al borde del colapso.
La última barahúnda la desató el viernes el diputado de la bancada opositora Winaq Amílcar Pop, quien interpuso un nueva demanda contra el mandatario por los delitos de encubrimiento, enriquecimiento ilícito y asociación ilícita, entre otros.
Esta situación evidencia una coyuntura patente en la realidad del día a día guatemalteco, donde reina una crisis política casi sin precedentes que Pérez Molina intenta surfear con pequeños golpes de simulada valentía y grandes tumbos de incertidumbre.
DESASOSIEGO
Además, los últimos sucesos corruptivos en el país, que implican a altos funcionarios de la vicepresidencia, a autoridades tributarias y a personas de confianza del mandatario, abren un período de indecisión y desasosiego en el que se pueden establecer varios escenarios.
El primero: un equilibrio precario, es decir, continuar con el ritmo actual en el que el sistema político, las instituciones y la gobernabilidad del país se están deteriorando a pasos agigantados mientras una brecha enorme fragmenta el bloque gubernamental.
El segundo parece ser la apuesta de Pérez Molina: administrar la crisis de una manera moderada, manteniendo un liderazgo aparente a través de la aplicación de medidas correctivas que intentan no dejar títere con cabeza, pero que son meros parches para ocultar una realidad que estrangula poco a poco un sistema oxidado y anticuado.
Por último, podría aparecer una ruptura institucional sin parangón, donde algún hecho desencadene un precedente histórico en el país, como la dimisión del presidente o un golpe de Estado que está en boca de todos los ciudadanos, pero para el que no existe una organización formal, por lo que sería un trastazo fallido y aislado.
Cada una de estas posibilidades se puede ver influenciada por varios condicionantes, como el manejo de la crisis, la reacción de la sociedad civil o las medidas o presiones que Estados Unidos o la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) puedan ejercer sobre la región centroamericana.
UN DURO GOLPE
El portavoz de la Presidencia de Guatemala, Jorge Ortega, reconoció hoy que la nueva demanda penal por supuesta corrupción presentada contra el mandatario del país, Otto Pérez Molina, “sí” es un nuevo golpe para el Ejecutivo, inmerso en una reestructuración. “Estamos en un marco democrático”, añadió Ortega ayer, al reconocer también que el demandante, el diputado opositor Amílcar Pop, “está en su derecho” de actuar contra el presidente por la vía legal. Ortega desmintió rumores sobre la posible renuncia del mandatario.
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