Monseñor Óscar Arnulfo Romero fue asesinado el 24 de marzo de 1980.LA PRENSA/EFE

El Salvador está de fiesta

La capital salvadoreña vivía ayer un clima de fiesta, a la víspera de la ceremonia popular en la que su figura más reverenciada, el asesinado arzobispo Óscar Arnulfo Romero, será beatificado hoy a las 10 de la mañana. Las principales vías estaban adornadas con imágenes de Romero que en distintos idiomas dan la bienvenida a los visitantes a San Salvador, “sede de la beatificación”.

La capital salvadoreña vivía ayer un clima de fiesta, a la víspera de la ceremonia popular en la que su figura más reverenciada, el asesinado arzobispo Óscar Arnulfo Romero, será beatificado hoy a las 10 de la mañana. Las principales vías estaban adornadas con imágenes de Romero que en distintos idiomas dan la bienvenida a los visitantes a San Salvador, “sede de la beatificación”.

Bajo una lluvia, miles de personas, entre salvadoreños y extranjeros, desfilaron dos kilómetros entre la Catedral Metropolitana, donde yace la cripta con los restos de Romero, hasta la Plaza Salvador del Mundo, donde será beatificado. Los manifestantes entonaban cantos de “que viva monseñor Romero, el santo de América”.

“Es indescriptible la alegría que, quizá, todos sentimos por su beatificación. Nunca conocimos a monseñor Romero en vida, pero nuestros padres nos han transmitido y nos han hecho conocer su legado”, dijo Carmen Ayala, una salvadoreña de 21 años que iba al frente de la procesión.

El ministro de Turismo, José Napoleón Duarte, dijo que esperan 285,000 personas en la ceremonia de beatificación, de las cuales gran parte llegó del extranjero y agregó que “la ocupación hotelera del Gran San Salvador es de ciento por ciento”.

Muchos visitantes llegaron a los sitios históricos de Romero, como el “hospitalito”, un centro de atención de pacientes con cáncer en cuya capilla Romero fue asesinado de un disparo en el pecho el 24 de marzo de 1980 mientras oficiaba misa. En el sitio está la casa en la que vivió Romero durante su arzobispado, de 1977 hasta su muerte, y en la que están sus bienes personales, incluyendo el vehículo que usaba y sus ropas.

Para Marisa D’Aubuisson, hermana del fallecido mayor Roberto D’Aubuisson, señalado como autor intelectual del magnicidio, los tributos muestran que “a monseñor se le hace justicia divina, pero hace falta la justicia en la Tierra”, porque nadie ha sido sentenciado por el caso.

Ayer se realizó una vigilia en la 59 Avenida Norte, Avenida Francisco Gavidia y Avenida Roosevelt, desde donde, tras una homilía, los asistentes caminarían hasta la Plaza El Salvador del Mundo.

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