Bernardo Laureiro tan solo tiene 23 años. No es el viejo jugador que fue desterrado de su natal Uruguay por baja calidad, fue su decisión irse. Tan solo tuvo que madurar en su juventud, actuar como alguien que nunca había sido, con hielo en la sangre y fuego en la mirada.
Es la jornada siete del Torneo Clausura. El uruguayo está sentado en la esquina de los vestidores. El equipo del Ferretti empató con el Madriz . Laureiro no se siente bien, golpea la grama, camina con la mirada baja y con la zurda prodigiosa en punta.
Llora por no estar con su familia, anhela estar en los brazos de su novia, ¡pero no! Laureiro tiene que aventurarse por una corrección de su futuro futbolístico. Tiene que olvidar los cuatro millones de dólares que valía su cláusula cuando tenía 17 años y venía de disputar cuatro de los cinco encuentros del mundial en Nigeria 2009.
“La Regina de la liga italiana me quería en ese entonces y me hicieron una oferta muy gruesa, sin embargo, por no querer darle nada a mi representante que se había desaparecido y había regresado solo para cobrar, decidí que no. Pensaba que se me abrirían más puertas y tenía el apoyo de mi club: Defensor Sporting”, indicó el centrocampista del Walter Ferretti.
Juega desde los cinco años, pero a los 15 se movió 600 kilómetros de distancia de su hogar en busca de un sueño que lo envolvió en un engaño de infante.
Cuenta el futbolista que cuando tenía 17 años, la Selección Nacional de su categoría viajaría a una gira de fogueo por los Estados Unidos, pero le ocurrió una desgracia placentera: se lesionó.
“Pero me alegró también porque en mi recuperación disputé un partido contra Diego Forlán, Luis Suárez, Cebolla Rodríguez, Muslera, El Loco Abreu y demás futbolistas de esa generación”, rememoró el atleta.
“Yo no me rindo”, dice con su acento uruguayo muy marcado. Los errores del pasado han quedado atrás en el joven Laureiro, que estuvo también en Chile con el Barnechea en el 2013 y recibió una oferta para Bolivia al inicio del año. “Aquí me quedaré”, agregó.
Laureiro es un peligro con el balón, su función es abastecer a los delanteros de pases y en los tiros libres: liquidar con una puntería en los pies, que supera la de las manos.
Su peregrinaje sin fin parece haber terminado. Es joven, talentoso y su carrera apenas despega. Tiene 23 años, pero un siglo de tormento. Aquí nació de nuevo.
Ver en la versión impresa las páginas: 9 B