Es medianoche, policías registran casa por casa en Alta Vista (este de San Salvador) una colonia de trabajadores que vive intranquila por Barrio 18, una de las más peligrosas pandillas del país, y su rival, la Mara Salvatrucha (MS-13).
Con un promedio de 51.8 homicidios por cada 100,000 habitantes, según un informe de 2014 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, los gobiernos de Guatemala, El Salvador y Honduras, el llamado Triángulo Norte, optaron por militarizar la seguridad pública para enfrentar a unos cien mil pandilleros o maras que siembran el terror. En El Salvador siete mil soldados y 23,000 policías son parte de este plan.
PELIGRO DE RADICALIZACIÓN
Volver a la mano dura con el uso extremo de la fuerza militar va a radicalizar este conflicto social. Se está generando un clima bastante peligroso, advierte en San Salvador la socióloga Jannet Aguilar, de la Universidad Centroamericana (UCA).
Ante los ataques y muerte a manos de pandilleros de 24 policías y seis militares en lo que va de 2015, el gobierno salvadoreño creó batallones élite del Ejército y la Policía y alentó a los agentes a defenderse con sus armas. Para Aguilar esa directriz es una licencia para matar.
En Guatemala, donde 4,500 militares y 35,000 policías fueron enviados a las calles con el mismo plan, el viceministro del Interior, Edi Juárez, comentó que con el programa antipandillas Panda se crearon unidades para ver cómo se están moviendo las maras y lanzar operaciones para capturar hasta setenta pandilleros de una sola vez.
En Honduras, el presidente Juan Orlando Hernández creó la Policía Militar con 3,500 efectivos, que son apoyados por dos mil militares para combatir a las pandillas tras un rebrote de su actividad extorsiva. Las maras queman buses, torturan y asesinan para cobrar sus impuestos de guerra, intimidando a comunidades enteras para que no los denuncien.
“CALDO DE CULTIVO”
99,408 homicidios se cometieron en Centroamérica entre 2009 y 2013, cuatro de cada cinco en Guatemala, El Salvador y Honduras, según datos del Sistema de Integración Centroamericana. De enero a marzo de 2015 se registraron 16.2 homicidios por cada 100,000 habitantes en El Salvador, 14.3 en Honduras y 7.5 en Guatemala.
El ambiente de impunidad y la facilidad de obtener dinero mediante la venta de drogas y extorsiones ha alentado el surgimiento de nuevas pandillas o a dividirse en facciones las existentes.
Para el guatemalteco Jorge Santos, del Centro Internacional de Investigaciones de Derechos Humanos, las altas tasas de desigualdad e inequidad de una Centroamérica con cerca del cuarenta por ciento de sus 46 millones de habitantes, la pobreza es el caldo de cultivo para las pandillas.
Ver en la versión impresa las páginas: 7 A