En sociedades como las nuestras se considera más viable usar métodos no éticos para lograr objetivos. “Mimetizan otros sistemas”, tal como el romano, que entre más tretas, trucos y triquiñuelas mejor. Por eso es que nos topamos con frases como “los fines justifican los medios”, aunque considero que “los medios deben justificar nuestros fines”.
En las ansias del poder, la ignorancia trata de acelerar los tiempos atrasando un proceso histórico de cambio y lo más seguro es que unos por adultos ya pronto a expirar (políticamente) y otros por novatos, apresuran su caída, toman las peores decisiones dejándose llevar por la coyuntura, desperdiciando toda oportunidad de cambio para Nicaragua.
Un partido político controla los poderes del Estado y los poderes fácticos desde el punto de vista político, ha posicionado sus agentes de poder e influencia en los ámbitos económico y social, bajo la lógica “todo dentro del Estado y nada fuera de él”, al mejor estilo fascista, con un poder coercitivo para someter voluntades, usando métodos mafiosos. En este contexto social es necesario hacer cambios donde jóvenes y adultos progresistas trabajen por la patria, la república y la democracia, logrando que las experiencias se transfieran a los jóvenes, siendo la moral y la ética los que dirijan estos esfuerzos a través de resultados concretos, con un pensamiento estratégico claro, a mediano y largo plazo.
“La historia de la humanidad es la lucha por el poder”. En la actualidad hay una falta de visión estratégica que oriente una evolución colectiva como nación, un “plan de vida para Nicaragua”. El sistema esta educastrando la nueva generación, haciendo que piensen menos o que no piensen del todo y así mantener el poder. En una sociedad en descomposición, donde la corrupción se convierte en cultura y esta en ley, esta realidad solo podemos combatirla con principios, valores y virtudes capaces de contagiar a los demás, utilizando la transparencia, el trabajo para recuperar la confianza entre el Estado y la sociedad, combatiendo la corrupción, hasta humanizar al individuo y desmaterializar el pensamiento.
Como político me ha tocado vivir situaciones que van de lo real a lo aparente, pues “en política hasta los ríos se devuelven”, y como dice Joseph Goebbels: “Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad”. Esta realidad nos lleva a tomar decisiones que prueban nuestras convicciones a cada momento. Por ejemplo, vemos movimientos políticos queriendo tener personalidad jurídica para ir a elecciones, haciendo un trabajo, aprovechando su fortaleza de no depender del Consejo Supremo Electoral, retando a los partidos políticos a salir a las calles, pero desde ya con muchos deseos de ser más de lo mismo. Si le sumamos el panorama preelectoral y la falta de confianza entre los políticos con callos en el cerebro, y la opinión de la sociedad hacia los políticos de vieja data, observamos segura división. Unos por ser dirigidos a control remoto desde el poder y otros queriendo hacer carrera de la noche a la mañana, apostando por “seguras” diputaciones, sabiendo que no hay condiciones para ir a elecciones. Y mucho menos que exista sinergia entre unos pocos de la oposición que si se pusieran de acuerdo harían mucho.
¡Se concentran o se diluyen! Lo digo porque cada sector tiene su lógica y lo más natural del ser humano es aspirar al poder. Pero si los que pretenden seguir en el juego político son más de lo mismo, y no focalizan sus últimos esfuerzos a llevar a cabo una preparación a la juventud de relevo, orientándolos a hacer lo correcto, ni sus hijos van a poder gozar de lo mucho y lo poco que han obtenido, no habrá un mejor futuro y la historia los culpará.
El autor es Coordinador General del Movimiento Intergeneracional Progresista
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