El presidente francés, François Hollande, visitó ayer Haití para impulsar la ayuda de Francia a su otrora más rica posesión en el Caribe, que ahora es una nación extremadamente pobre con un amargo legado colonial.
El presidente de Haití, Michel Martelly, extendió la alfombra roja en el aeropuerto para recibir a su invitado, una breve visita que movilizó a decenas de manifestantes que exigen a Francia el reembolso de la deuda que los haitianos contrajeron hace 211 años para obtener su independencia.
“Haití no ha olvidado, pero Haití no es terco”, dijo Martelly a Hollande en un discurso ante una audiencia invitada de dignatarios en Puerto Príncipe, en un intento por poner fin a un intenso debate sobre si se pueden reconstruir las relaciones con Francia, sin las exigidas reparaciones.
Hollande prometió que Francia financiará “un auténtico plan Marshall para la educación” a través de la Agencia francesa de desarrollo, por 56 millones de dólares, un programa a gran escala para modernizar el sistema educativo de Haití, pero evitó referirse al tema de la deuda, cuyo monto se estima en unos 19,000 millones de dólares.
“Ustedes no están pidiendo ayuda, quieren desarrollo. No están pidiendo prestaciones sociales, sino inversiones”, dijo al pueblo haitiano.
En el siglo XIX Haití, primera república negra de la historia, debió indemnizar a los excolonos franceses para compensar su pérdida de ingresos y lograr su reconocimiento diplomático.
Las palabras de ambos mandatarios, que firmaron varios acuerdos económicos, no bastaron para calmar los ánimos de los haitianos. Decenas manifestaron cerca del lugar en donde ambos mandatarios dieron sus discursos. “Hollande, el dinero sí, moralismos no”, se podía leer en algunas pancartas.
Hollande había generado grandes expectativas tras declarar que viajaba a Haití para pagar la deuda. Pero su entorno precisó que se trataba de un pago moral de la deuda, no financiero.
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