En un país como el nuestro, carente de figuras de trascendencia, de esas que te obligan a inclinar la admiración hacia ellas, Román “Chocolatito” González ha sostenido la ilusión con una gracia sorprendente.
Como ídolo, González está en etapa de construcción. A su llamativo historial, le faltan capítulos. Incluso, su registro boxístico quizá requiera más puntos luminosos, de esos que surgen bajo el fragor de épicas batallas.
Lo que no está en discusión, o al menos no debería estar, es la calidad de Román, cuyo boxeo vistoso, poderosa pegada y precisión estupenda, lo han convertido en uno de los mejores exponente del boxeo de hoy.
Cuando “Chocolatito” sube al ring, el boxeo regresa al lugar donde pertenece. Recupera su versión clásica. Se vuelve un asunto de honor. Y ya no se decide solo en mesas de mercadeo. Es un aliento humano, en medio de la plasticidad actual.
Román, quien constituye la más formidable aparición en el boxeo nicaragüense, desde los días de Alexis Argüello, ha demostrado que no hay contradicción entre el arte y la valentía, entre la técnica y el heroísmo.
Este sábado, González estará sobre el entarimado del Forum, en Inglewood, California, escenario de gloriosos enfrentamientos y donde Argüello comenzó a escribir su historia como figura de alcance mundial.
Un escenario de esa envergadura, merece un pugilista de la talla del nica. Ahí intercambiará disparos Román ante el guerrero azteca Edgar Sosa, quien seguro intentará revertir una pesadilla que se le viene encima.
En una época como la de ahora, en la que nos deleita más el boxeo de antes en vídeos, que el actual en vivo y a todo color, Román constituye una refrescante ola cargaba de vistosidad y bravura, gracia y potencia.
Ya se asoma el “Chocolate” y ha prometido fuego.
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