Se ha celebrado en estos días la Semana Nacional de la Educación, durante la cual se ha hablado bastante sobre la educación pública; y se ha elogiado al Gobierno por el supuesto logro de incrementar el ingreso a la primaria escolar.
Pero de igual manera se ha criticado al sistema educativo nacional, entre otras razones por la desproporción que hay entre el crecimiento de la matrícula en el nivel de primaria y la falta de retención y el pobre egreso del sexto grado; así como por la reducida asignación presupuestaria a la educación no superior, que este año ha sido apenas del 2.4 por ciento del PIB mientras que en otros países de América Latina llega hasta el nueve por ciento.
También se han mencionado problemas como la deplorable infraestructura escolar, los raquíticos salarios de los maestros, el escaso acceso a las tecnologías modernas y otros más que siempre se critican y nunca se resuelven.
Sin embargo, hay algo de máxima importancia que no fue abordado en esta semana de la educación, como es la manipulación política de la educación y el adoctrinamiento ideológico que el régimen de Daniel Ortega practica en los centros escolares de todos los niveles.
Supuestamente no es procedente discutir un problema como este en la Semana de la Educación, la cual es una jornada mundial enfocada en los problemas estructurales. Pero el uso del sistema educativo para el adoctrinamiento político e ideológico es un problema primordial en Nicaragua, incluso estructural porque impide el cumplimiento cabal del Objetivo de Desarrollo del Milenio en el ámbito de la educación.
Por principio, la educación no es solo para brindar instrucción formal a los niños y jóvenes y enseñarles a desarrollar sus aptitudes para el trabajo y la producción. La educación tiene ante todo el objetivo de afirmar los valores que sustentan la sociedad, formar a las personas para la convivencia social pacífica y democrática, cultivar los valores comunes superiores, por lo cual es inadmisible cualquier adoctrinamiento político y sumisión ideológica.
Sin embargo, esto último es lo que ocurre en Nicaragua. Así lo señaló la Conferencia Episcopal en la carta que los obispos entregaron a Daniel Ortega el 21 de mayo del año pasado, la cual nosotros citamos a menudo porque es la mejor propuesta que existe para resolver los grandes y graves problemas sociales, económicos y morales del país.
En relación con la educación los obispos dicen en su carta: “El futuro de Nicaragua depende en gran parte de la calidad educativa y de los horizontes de racionalidad y de ética que esta genere en los jóvenes. Solo una sociedad capaz de pensar y razonar, educada en modo excelente, podrá ser libre y generar procesos e instituciones que salvaguarden la justicia, la paz y la democracia en el país ( ). Animamos al Gobierno a que promueva una educación de excelencia en todos los niveles educativos; a que evite el adoctrinamiento ideológico de los jóvenes en escuelas y universidades, sin inmiscuirlos en otras actividades fuera del ámbito educativo ( )”.
Pero Ortega no atiende esta oportuna recomendación de los obispos. Por el contrario, la educación pública está siendo pervertida cada vez más por la manipulación política y un degradante adoctrinamiento ideológico.
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