El viaje más largo

Dos películas basadas en novelas de Nicholas Sparks coincidieron en nuestras pantallas. Esto es testamento de la efectividad comercial del escritor norteamericano, una especie de Corín Tellado con testosterona. Al menos diez de sus libros han sido llevados a la pantalla.

Dos películas basadas en novelas de Nicholas Sparks coincidieron en nuestras pantallas. Esto es testamento de la efectividad comercial del escritor norteamericano, una especie de Corín Tellado con testosterona. Al menos diez de sus libros han sido llevados a la pantalla. Quizás el mejor resultado sea The Bridges of Madison County (Clint Eastwood, 1995), ennoblecida por la dirección de Eastwood, la actuación de Meryl Streep y su inusual preocupación con el amor en la madurez.

No tiene mucho sentido comercial que dos películas tan parecidas, que apelan a un mismo público, coincidan en cartelera. Tome nota de los posters promocionales de Lo mejor de mí (Michael Hoffman, 2014) y El viaje más largo (Mark J. Tillman, 2015). Son casi intercambiables entre sí y si hace una búsqueda en internet, verá cómo todos los posters de películas de Sparks se parecen. El viaje más largo prevalece en la pantalla, si quiere exponerse al equivalente norteamericano de una telenovela, estirada para llenar los confines de la pantalla.

Sophia (Britt Robertson) es una joven a punto de graduarse en una universidad de Carolina del Norte. Dos meses antes de partir a Nueva York conoce a dos hombres que cambiarán su vida: el primero es Luke (Scott Eastwood), un vaquero competidor de rodeos; el otro es Ira (Alan Alda), un anciano al cual rescatan de un accidente automovilístico. Lleva consigo un pequeño baúl lleno de cartas que registran la historia de amor que vivió con su esposa, Ruth (Oona Chaplin).

La película relata ambas historias de amor, con afán de que los imberbes jovenzuelos aprendan de los viejos. La acción se desarrolla en ambientes mundanos idealizados a punta de cámara. El pasado tiene un barniz sepia. Las escenas de la universidad parecen folleto de oficina de reclutamiento. Los ranchos y montañas de Carolina del Norte son dignos de postales turísticos.

Las emociones son claras, todos los obstáculos superables y el final felizmente alcanzable. Todo esto puede ser reconfortante. Pero hay una película más interesante en el submundo del rodeo competitivo. Las escenas que tienen que ver con el trabajo de Luke ilustran el impulso autodestructivo de los montadores de toros, el oportunismo de promotores y marcas comerciales, así como la adoración del público que llega a ver cómo sus héroes se inmolan.

Pero concentrarse en estos temas descarrilaría el curso de la historia de amor. La única concesión de Sparks es con la muerte y eso porque sirve para subrayar la lección que quiere impartir a los jóvenes amantes.

Esperar otra cosa de El viaje más largo sería ridículo. Sin embargo, cualquiera puede disfrutar la ridícula abundancia de talento actoral. Primero es perturbador cómo Luke Eastwood parece una versión más joven y suave de su padre. Pareciera que nos metimos en una máquina del tiempo que nos lleva a un pasado alternativo donde en vez de ser el estoico “desconocido sin nombre”, Clint es un galán de matiné. El desfile de realeza de Hollywood no termina ahí. Oona Chaplin es hija de Geraldine y nieta de Charles Chaplin. Tony Huston, quien interpreta al joven Ira, es nieto del legendario director John Huston y sobrino de la actriz Anjelica Huston. Alan Alda es un veterano de lujo con nominaciones al Óscar y una legendaria serie de TV en su haber (M*A*S*H). Con un reparto así, El viaje más largo se salva de sí mismo.

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COMENTARIOS

  1. merry
    Hace 11 años

    El viaje mas largo,Es bella esa pelicula, ya la vi hace dos semanas en el cine de Estelí.

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