El ataque de las FARC a militares en Colombia, el miércoles, uno de los más graves desde el inicio del proceso de paz, y que dejó 11 militares muertos, evidenció la complejidad de negociar en medio de la confrontación armada, aumentando la presión sobre las pláticas entre la guerrilla y el gobierno, aunque sin amenazarlas.
El asalto, tildado de “emboscada” y “crimen de guerra” por las autoridades, responde “a la compleja dinámica de este proceso“, según el analista Jaime Zuluaga. “Lo ocurrido es consecuencia inevitable de que el proceso de paz se adelante en medio de la guerra, pero no implica que se vaya a acabar”, indicó este politólogo de la Universidad Nacional de Colombia.
Según el experto, esto podría incluso impulsar un acuerdo final. En efecto, tras conocerse el asalto, Santos llamó a “acelerar las negociaciones” para evitar más muertes.
“Ha llegado el momento de fijar un cronograma, con tiempos definidos, a las negociaciones”, dijo el vicepresidente Germán Vargas, algo que hasta ahora el gobierno consideraba inoportuno.
Para el analista Jorge Restrepo, el ataque “puede servir para que se acelere la negociación de un cese al fuego definitivo en La Habana, privilegiándolo sobre los otros puntos” que faltan por discutir para llegar a un acuerdo final, dijo. Aunque alcanzarlo se vislumbra complicado. Santos reanudó ayer los bombardeos contra las FARC, suspendidos desde el 10 de marzo.
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