La consultora nicaragüense de opinión pública M&R, ha dado a conocer esta semana otra de sus encuestas, en la cual informa que más del 76 por ciento de los nicaragüenses tiene la confianza en que las elecciones de noviembre de 2016 serán justas y transparentes.
Esta información de M&R es congruente con el también elevado índice de simpatía que le atribuye al partido de gobierno FSLN, arriba del 55 por ciento, y con el diminuto nivel de afecto ciudadano que le reconoce a toda la oposición, de apenas 4.5 por ciento.
El dato de M&R sobre la confianza nacional en la limpieza de las próximas elecciones, contradice la opinión de los partidos de oposición y organismos de la sociedad civil que promueven la cultura democrática, los cuales sostienen que no hay garantía de que tales elecciones serán limpias y confiables. El criterio de la oposición y la sociedad civil democrática es que mientras el sistema electoral siga atrapado por Daniel Ortega, y dirigido por el actual Consejo Supremo Electoral (CSE), es prácticamente imposible que pueda haber en Nicaragua elecciones que califiquen como libres y transparentes.
Tampoco confían en encuestas como la de M&R, pero la verdad es que a lo largo de los últimos años los datos de esta empresa encuestadora nacional han sido coincidentes, en términos generales, con los de las firmas extranjeras CID Gallup y Víctor Borge y Asociados, las otras dos que suelen hacer estudios de opinión política en Nicaragua. Con algunas pequeñas diferencias, las tres encuestadoras asignan un alto grado de popularidad al FSLN y Daniel Ortega y un índice de respaldo muy reducido a la oposición.
Sin embargo, otras encuestas de carácter académico han revelado que muchos nicaragüenses temen opinar sobre política y por eso ocultan sus verdaderos sentimientos, o se expresan de modo favorable al Gobierno. Por mencionar un ejemplo, un estudio del Proyecto de Opinión Pública de América Latina coordinado por la Universidad Vandervilt, de Tennessee, Estados Unidos, reveló a mediados del año pasado que “más de la mitad de los nicaragüenses tiene temor de hablar de política aun entre sus amigos. Y un nueve por ciento dijo que dependía de las circunstancias para hablar de política”. Al respecto el politólogo estadounidense Kenneth Cole, asociado al mencionado proyecto académico de opinión pública, declaró en aquella ocasión que “casi dos tercios de los nicaragüenses viven cierta desconfianza para hablar abiertamente sobre política”. Esto fue mencionado por el analista Edmundo Jarquín, el 12 de julio del año pasado, en su columna de LA PRENSA y Radio Corporación.
El mismo fenómeno ocurría antes de las elecciones del 25 de febrero de 1990 y fue llamado güegüensismo político de los nicaragüenses. Pero las circunstancias de ahora son diferente, y si es cierto que el respaldo ciudadano al FSLN y Daniel Ortega es tan alto, como dicen las encuestas, ¿por qué no otorgan las garantías políticas, legales e institucionales que reclama la oposición para participar en las elecciones de 2016? ¿Será que Ortega tiene miedo de que el Güegüense político le vuelva a hacer una trastada, como la del 25 de febrero de 1990?
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