Asceta, peregrino e indigente

Era en el norte, allí donde las montañas son tan elevadas que parece como si quisieran acariciar las nubes con sus picos. En un pueblecito perdido en la inmensidad de esa montaña se reunieron un asceta, un peregrino y un indigente.

Era en el norte, allí donde las montañas son tan elevadas que parece como si quisieran acariciar las nubes con sus picos. En un pueblecito perdido en la inmensidad de esa montaña se reunieron un asceta, un peregrino y un indigente. Comenzaron a comentar cuánto dedicaban a Dios cada uno de ellos de aquellas limosnas que recibían de los fieles. El asceta dijo: Miren, yo lo que acostumbro a hacer es trazar un círculo en el suelo y lanzar las monedas al aire, las que caen dentro del círculo las tomo para mis necesidades y las que caen fuera las doy al Divino. Entonces, intervino el peregrino para explicar: Sí, también yo hago un círculo en el suelo y procedo de la misma manera, pero, por el contrario, me quedo para mis necesidades con las monedas que caen fuera del círculo y doy al Señor las que caen dentro. Por último habló el indigente para expresarse de la siguiente forma: También yo, queridos compañeros, dibujo un círculo en el suelo y lanzo las monedas al aire. Las que no caen son para Dios, y las que caen las guardo para mis necesidades. Los tres se lanzaron estruendosa carcajadas.

Cultura

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