A José Alejandro
La más antigua, cantada, bien amada amapola tan ingrata, no seas tan ingrata.
Rosa fragante con espinas, pétalos acariciantes, europea del amor, en el túnel del Retiro madrileño, para inspirar y aspirar.
Sin olor, escogida por la dama de las camelias, bastaba su presencia. Gardenia de mayo, corona de ángeles, tersa, opaca, exhalante (Afrodita de platino P. Neruda). Azahares limoneros, grupos de olor en las esquinas de Lorca, desde faraones a muros granadinos por el Tajo.
Jazmines de Castilla, cinco estrellas, cinco olores ascendentes derraman algo de cielo, bajo el olor de luna llena.
Reseda para el pelo indio, ancianas de caites o descalzas a vender en el mercado.
Gemelas abrazadas apretadas pétalo con pétalo, al olvido en patios viejos, esperando todo el año para verlas suspirar en Mayo, Junio y Julio.
Lirios nicas, nardos tropicales en oración constante, se abre uno, detrás del otro en la misma rama, bulbos mirando a la Virgen. Estrellas de Belén mirando al firmamento
Veo a Cristo en cada uno de sus pétalos, su color, forma, cruz, las tres divinas personas. Flor de sangre, flor de poeta, trinitarias del amor.
Heliotropos silvestres caribeños flores mariposas o palomas blancas.
Las más humildes diminutas de la tierra, flores de Dios aplastadas por pasos irredentos.
Geranios sevillanos junto a balcones de hierro forjado, devotas pasionarias macarenas junto a claveles rojos, tardes de toro.
Flores del monte: frijoles, maizales, cafetales, Orquídeas tropicales, húmedas, abiertas al rocío.
En nuestro campo seco árboles florecidos: relucen solitarios Sardinillos, Soroncontiles, Caraos, Ébano negro y resalta la única flor de oro, el Cortés de mi verano.
Al menos flores al menos cantos dijo un poeta azteca. Si esa flor ya no retoña, tiene muerto el corazón.
Anémonas del mar danzan rítmicamente en cámara lenta. Flor trenzada: parásitos de brumas del norte en barbas canosas para los nacimientos. Sacuanjoches en campo abierto. Avispas que no pican, brindan brillo a los zapatos. Campánulas amarillas de cuello largo, perfecto para colibríes.
“Hermanas flores” poemas de San Francisco. La San Diego ahuyenta a los zompopos.
Mondongo en las aguas, plagas de belleza. Chinas rosas delicadas. Primorosas. Jalacates, disciplinas trenzadas en corintos terciopelos.
Las blancas y rosadas musas, caras, lujosas, recientes símbolos de estatus. Banderas españolas, dobles y sencillas en cercos de piedra o entradas hogareñas. Flores de frutas, flores de una sola noche misteriosas pitahayas ocultan su belleza.
Sobre las flores cantan pájaros raros. Flores embriagantes, collares de flores. Regalos del Creador, buscan la luz del día.
Deseo ver nenúfares de Monet, las exquisitas de Odilón, el jarrón de los amantes recostados de Chagall. Flores originales de la gran Georgia O’keef.
Nos secaremos como flores, con la piel llena de flores del sepulcro para volver a la tierra fértil. “Flor que nace flor que muere”. (J.A, Aróstegui G.).
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