Este año, en el mes de diciembre va a tener lugar en París una de las reuniones más importantes para el futuro de nuestro planeta con la Conferencia de París COP21 sobre el cambio climático. ¿Sabremos, por medio de nuestros gobiernos, tomar medidas necesarias para luchar eficazmente contra el cambio climático? ¿Tendremos la sabiduría de construir una vez por todas, un gobierno del mundo que sepa tomar buenas decisiones y que las haga aplicar? Todos somos responsables de vivir en el respeto de nuestro medioambiente, pero, no solamente en nuestra vida cotidiana, somos también responsables de pedirles a nuestros representantes en esta importante reunión, de actuar de manera responsable.
El gobierno francés se encontrará en una situación particular: en su calidad de presidente de la conferencia, desde hace varios meses realiza esfuerzos para ofrecer las mejores condiciones de diálogo en la transparencia y, sin tomar partido, con un espíritu de compromiso, tratando de convencer a unos y a otros de ir a la conferencia de París con voluntad de alcanzar logros. Es el camino que seguimos también aquí en Nicaragua con un diálogo abierto y constructivo con Paul Oquist, ministro secretario privado del Poder Ciudadano para las Políticas Nacionales, jefe de la delegación de Nicaragua.
Entendemos los cuestionamientos de una Nicaragua desencantada por la manera en la que se implementaron los acuerdos de Kyoto. Sabemos también que los recursos que serán movilizados para la reducción de gases de efecto invernadero, pero también para la adaptación de dichos recursos, merecen ser garantizados mejor. Escuchamos con comprensión el tema de la responsabilidad histórica porque todas las situaciones son el resultado de un proceso histórico, sin embargo es la situación tal y como la vemos ahora, las políticas que cada Estado pueda someter al debate, las que permitirán por un lado de invertir la tendencia y por el otro de financiar las medidas de adaptación.
El primer paso a seguir es de pedirles a todos los países presentar lo que se conoce como una contribución nacional para llevar a cabo todos los compromisos que permitan contener el calentamiento global a dos grados hasta finales de este siglo, pero también, para los países que lo deseen, indicar las políticas de adaptación que piensan implementar. Por su parte, Europa ya produjo la contribución por todos sus países miembros para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero. Esperamos antes del final del primer semestre de este año, que todos los países puedan entregar sus contribuciones para que sean todas agregadas y para que podamos todos alcanzar la conclusión que se espera de un acuerdo global, diferenciado y exigente.
Los países en desarrollo, los países más pobres, en un principio ponen mala cara y demoran, con toda la razón, cuando se les pide de presentar un contribución, y es el caso de Nicaragua. ¿Por qué pedirles a ellos, estos países que hoy son los más vulnerables, de asumir obligaciones que podrían limitar sus perspectivas de crecimiento y de desarrollo, cuando no son totalmente, y a veces para nada, responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero?
Es verdad que se espera en prioridad la contribución de los Estados Unidos y de China, quienes son los más grandes emisores, pero es necesario que todos los países puedan producir contribuciones porque se trata de una decisión que tiene que ser colectiva y compartida por todos. Es la razón por la cual el gobierno francés acompaña a los países más pobres, y Europa tiene la misma voluntad de ayudar para que estos países presenten también sus contribuciones.
Si queremos convencer, tendremos también que dotar el Fondo Verde, fondo que justamente asumirá la responsabilidad de financiar la transición energética, la transición ecológica de países emergentes y de los países más pobres, pero que también deberá financiar la adaptación. Es una condición indispensable para obtener un acuerdo. La decisión de que la mitad del fondo vaya a la adaptación con prioridad a los países más pobres va en este sentido. Y es la razón por la cual Francia también ahí quiso mostrar el ejemplo dotando al Fondo Verde un billón de dólares. Tendremos que pedir a todos los países del mundo, a los más ricos y a los países emergentes, de hacer este mismo esfuerzo.
También debemos considerar para la conferencia de París lo que llamamos la agenda de las soluciones. La agenda de las soluciones es lo que se pide, ya no a los Estados, sino al conjunto de la sociedad civil, a las colectividades locales, a las empresas, a las organizaciones no gubernamentales, a través de su imaginación, por sus iniciativas, por sus inversiones, mejorar las condiciones de vida de los habitantes del planeta y sobre todo de las generaciones futuras.
Aquí en Nicaragua es lo que Francia intenta hacer, con humildad pero buena voluntad, apoyando, por ejemplo, iniciativas de agro-forestería en el sector del café o del cacao, porque sabemos juntos con las autoridades locales que el futuro de la adaptación en Nicaragua está subordinado a la reforestación de sus cuencas de captación hídricas y de sus reservas naturales. Pero la adaptación también está subordinada a la adopción de una agricultura que sabe adaptarse a las nuevas condiciones climáticas y que al mismo tiempo participa en la captación de gas carbono, ofreciendo al mismo tiempo mejores perspectivas de productividad, de trabajo y de recursos para los más pobres.
Deseamos también, en colaboración con las autoridades locales, participar en una agenda de reflexiones a lo largo de este año 2015, sobre temas tan importantes como la adaptación de la agricultura, las consecuencias en el litoral y la pesca, o también temas como la adaptación de las ciudades al cambio climático. Porque el encuentro de París puede ser un trampolín para una Nicaragua deseosa de hacerse escuchar y de aprovechar todas las oportunidades que esperamos puedan poco a poco controlar para adaptarse al cambio climático. Un desafío para Francia pero también para Nicaragua.
El autor es Embajador de Francia.
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