Marzo fue el mes con más homicidios desde 2003 (481 según la Policía Nacional Civil). Abril no parece iniciar mejor: en los primeros cinco días se registraron 73 asesinatos, 15 diarios.
Mauricio Ramírez Landaverde, director general de la PNC dijo recientemente que “las pandillas de una forma deliberada quieren hacer números, incrementar las cifras de forma deliberada para presionar, para pretender acorralar a las instituciones y al país entero”.
El exguerrillero Raúl Mijango, parte de la negociación de la tregua entre Barrio 18 y la Mara salvatrucha, en 2012, y que en enero trató de reactivarla infructuosamente, dijo que “la decisión de trasladar a los cabecillas a la cárcel de máxima seguridad conocida como ‘Zacatraz’ provocó la reacción de grupos operativos de las pandillas que incrementaron sus ataques contra policías y la población”.
La tregua redujo los homicidios 14 a 5 diarios en promedio, aunque los asesinatos volvieron a repuntar en junio y no descendieron.
Ana Tager, directora regional para América Latina de Interpeace, consideró que el regreso de los líderes a ‘Zacatraz’ se ha traducido en que no puedan mantener contactos con sus grupos en las calles, donde otros cabecillas no ven ningún incentivo en reducir la violencia frente a unas autoridades que han prometido perseguirles a cualquier costo.
Muchos analistas entienden que el número de homicidios funciona como una especie de “resorte” elástico, que las pandillas suben y bajan la intensidad, según sus intereses del momento.
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