Tres ciudades del Condado Miami Dade han otorgado homenaje póstumo a Cristóbal Mendoza, uno de los principales gestores de la Ley Nacara, que otorgó estatus legal a miles de nicaragüenses en Estados Unidos.
Mendoza falleció el pasado 25 de enero, en su residencia en la ciudad de Miami, tras su deceso las ciudades de Coral Gables, Miami y Sweetwater le han rendido homenaje póstumo.
Ángela Campos, esposa del fallecido activista recibió la proclama aprobada por el consejo municipal de Sweetwater, en la que le rinden homenaje póstumo a Mendoza, declarando el 25 de enero como el día de Cristóbal Mendoza.
La entrega la hizo el alcalde José Díaz, que destacó el papel de Mendoza como activista comunitario en Miami, y como gestor de la Ley Nacara junto al excongresista Lincoln Díaz-Balart, y la congresista Ileana Ros-Lehtinen.
Mendoza fue fundador de la primera organización de nicaragüenses en el sur de la Florida, El Comité de Nicaragüenses Pobres en el Exilio (Conipoe), a partir del cual ayudó a personas en desventaja económica así como a quienes tenían problemas por su estatus legal.
El activista radicó en Estados Unidos desde 1979, en carácter de exiliado político. Nació en Managua, Nicaragua. Cursó estudios en la academia militar durante el gobierno de Somoza, y mantuvo lazos con organizaciones políticas nicaragüenses.
Una de sus más destacadas obras fue el apoyo a la ola de nicaragüenses que llegaron a Estados Unidos huyendo del régimen sandinista a mediados de la década de los 80, entre ocho y 10 mil nicaragüenses fueron concentrados en el estadio Bobby Maduro, familias con niños, muchos recién nacidos, que no tenían familiares. Con el apoyo del Condado ahí les dieron comida, les ayudaron a gestionar estatus ante el Servicio de Inmigración y les entregaron dinero para que pudieran rentar un lugar donde vivir.
En 1988 formó la Casa Refugio “Amor Y Esperanza” donde los nicaragüenses inmigrantes recibían atenciones.
Mendoza encabezó varias delegaciones a Washington para obtener permiso de trabajo para los inmigrantes. En uno de esos viajes a Washington se hizo acompañar de más de cien niños para luchar por el estatus legal de sus padres. También integró una huelga de hambre frente al centro de detención de Inmigración de Krome.