A partir de mañana iniciará la VII Cumbre de las Américas, con la participación de los Jefes de Estado, grupos empresariales y sociedad civil. Es de suma importancia en la coyuntura actual, donde no solo será la discusión de políticas económicas que al parecer no se ha articulado bien para que la riqueza del mundo pueda ser accesible para todos, es decir, no es que no existan recursos lo que no hay es equidad en la repartición de la misma. Ha sido notoria la presión de la sociedad civil que ha querido alzar la voz en este importante foro sobre la reconsideración e importancia sustancial de que la Familia debe estar en la cumbre no solo de Panamá sino en la cumbre de las políticas públicas. En la ponencia del pasado martes sobre la familia como centro de políticas públicas, el señor Oscar Iván Zuluaga referenció el mapa de riesgo encontrándose con la triste realidad de que el 70 por ciento de la población carcelaria es menor de 30 años, la mayor tasa de deserción escolar se da en el 10 y 11vo grado y es del 55 por ciento en América Latina.
En sus conclusiones expresa que “la defensa de la familia une a la sociedad, y que el enfoque de familia no es asunto de religiosidad sino de articulaciones democráticas con enfoque transversal que se hace imperante implementar para dar solución a los males sociales”. Este planteamiento fue reforzado por el doctor Fernando Pliego Carrasco, del Instituto de Investigación Social de la UNAM-México, quien demostró a través de varios estudios científicos que los cambios en los patrones de fecundidad y los cambios en la estructura familiar influyen significativamente en la pobreza, en el mismo círculo de violencia que sufre el infante y la mujer, y su vinculación con la deserción escolar de los adolescentes incrementándose el riesgo de embarazo y uso de drogas. En México el estudio arroja que las mujeres de 15 años o más que han sufrido violencia física causada por sus parejas en los últimos 12 meses, con una muestra de 83,159 mujeres, refleja que la mujer sufre más violencia doméstica cuando se encuentra en una relación de cohabitación o conviviente (relación de hecho), representando el 14.5 por ciento; seguido por los casados solo civil del 11.2 por ciento, casado solo por lo religioso de 9.8 y con el menor porcentaje las casadas civil y religiosamente con un 7.9 por ciento en porcentaje de 0-15 (Fuente, Encuesta Nacional sobre dinámica de las relaciones en los hogares). El abuso sexual en menores se incrementa cuando el infante vive con el padre biológico o legal y otra persona en cohabitación que representa el 19.7 por ciento, le sigue por otro tipo de padres casados que es de 8.5 por ciento y en el tercer lugar lo ocupan los niños que viven con personas diferentes a sus padres del 8.0. El más bajo es cuando el infante vive con papá y mamá que es de 1.0 por ciento (fuente: EUA. 4to Estudio Nacional sobre incidencia de abuso y negligencia 2010). Así pues el bienestar familiar se encuentra relacionado cuando la familia está unida en pareja casadas e hijos comunes en comparación con los demás tipos de familia representando el 84.9 por ciento.
En Nicaragua debe ser un tema de encuentro de foros, y discusión, puesto que a pesar del esfuerzo del gobierno por prevalecer la vida del no nacido, es imperioso que retome en sus políticas públicas la urgente necesidad de reforzar la familia, no desuniéndola ni facilitándole su desintegración que trae nefastas consecuencias, sino en promover la unidad conyugal a través del matrimonio. Esto conlleva por tanto en progreso social y económico garantizándole inclusive al Estado su propia existencia.
Sin familia no hay sociedad y sin sociedad no hay Estado.
La autora es jurista.
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