El asesor de Daniel Ortega para asuntos económicos, Bayardo Arce Castaño, criticó duramente a los obispos de la Iglesia católica de Nicaragua, de quienes dijo —pretendiendo citar al papa Francisco— que ellos “no salen de las catedrales ni de los vehículos con aire acondicionado”.
El alto funcionario del régimen orteguista reaccionó de esa manera al Mensaje de la Conferencia Episcopal de Nicaragua para la Cuaresma 2015, en el cual los obispos expresan su preocupación porque “en nuestro país vamos perdiendo poco a poco el sentido de las personas y estamos permitiendo que por el desinterés y las ambiciones desmedidas, por intereses egoístas y mezquinos o por miedo, la realidad social se nos está yendo de las manos…” Y subrayan los prelados católicos que “cuando hay personas y grupos que se aferran al poder por ansias de riqueza, cuando la situación política se acepta sumisamente y no se cuestiona aunque sea injusta… la sociedad se corrompe y se deshumaniza”.
La grosera alusión del asesor presidencial a los obispos ha causado malestar en la comunidad católica nicaragüense, pero también temor de que esa agresión verbal pudiera significar el comienzo de una política gubernamental más agresiva contra la Iglesia.
Ya en la carta que entregaron personalmente a Daniel Ortega el 21 de mayo de 2014, los obispos expresaron su preocupación por “la difusión de políticas estatales sincretistas que distorsionan la vivencia religiosa del pueblo cristiano y entorpecen una respetuosa relación entre Iglesia y Estado”. Se referían los prelados a la manipulación política de los símbolos religiosos por parte del Gobierno, a la apropiación de terminología y valores católicos para mezclarlos con consignas partidarias, a la manipulación de la religiosidad popular en función de intereses políticos gubernamentales, etc.
También denunciaron los obispos en ese mismo documento, “la práctica de ofrecer ‘dádivas’ del Gobierno a agentes de pastoral con la finalidad de comprar sus conciencias…” Y advirtieron que “el apoyo del Estado a las obras de la Iglesia debe hacerse por los debidos canales legales y respetando y distinguiendo tanto la libertad religiosa como la acción puramente política”.
Quienes detentan el poder actualmente en Nicaragua, no entienden, o fingen no entender, que las reflexiones y los planteamientos de los obispos en torno a problemas cardinales de la sociedad nicaragüense, tanto institucionales como económicos, sociales y éticos, no tienen ningún sentido ni propósito político, mucho menos partidista. Así lo precisaron los obispos con toda claridad, en el documento del 21 de mayo del año pasado, en el cual le expresaron a Ortega y sus acompañantes: “No nos presentamos ante ustedes movidos por ideología alguna, ni como políticos de profesión, ni como voceros de ningún grupo partidista, ‘sino como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios’”.
Pero es obvio que por su talante autoritario los gobernantes de Nicaragua no entienden esa verdad; y persisten en creer que igual que compran a algunos políticos, a la Iglesia también la pueden comprar con “dádivas” o someterla con intimidaciones dictatoriales.
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