Vivir en casa propia es la gran aspiración de las familias en todas partes del mundo. Pero en América Latina, la probabilidad de que ese sueño se haga realidad varía dramáticamente según el país en que se vive. Contrario a lo que algunos podrían pensar, la relativa buena situación económica que ha vivido la región en la última década no ha resultado en más personas comprando vivienda, sino lo contrario.
En muchas de las principales ciudades latinoamericanas la gente tiende a alquilar casa más que hace diez años, indica Andrés Blanco, especialista en política de vivienda y desarrollo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
También en contra de lo que podía pensarse, el objetivo de vivir en casa propia no es más fácil en los países relativamente más prósperos del continente. Pues es Managua, la capital de una de las naciones más pobres de la región, en donde, es mayor el porcentaje de propietarios. En la capital nicaragüense el noventa por ciento de la gente vive en casa propia.
En cambio, en varias de las principales ciudades colombianas es notorio el alto porcentaje de la gente que acude al alquiler.
BOGOTÁ DE ARRIENDO
Bogotá es la ciudad latinoamericana con menor índice de propietarios.
El cuarenta por ciento de los habitantes de la capital colombiana arriendan su lugar de vivienda, según indica un estudio del BID titulado Se Busca Vivienda en Alquiler.
Medellín y Cali, la segunda y tercera ciudad de ese país, también tienen tasas de más de 35 por ciento de sus residentes viviendo en alquiler. Situación que se presenta de modo similar en Santo Domingo y Quito.
Mientras que entre las ciudades con mayores tasas de propietarios, después de Managua, están Lima, Buenos Aires y Caracas, en donde cerca del ochenta por ciento de las familias viven en residencias de su propiedad.
UNA DISCUSIÓN GLOBAL
La discusión entre vivienda propia vs vivienda de alquiler se extiende por todo el mundo. Incluso en Estados Unidos, donde tener una casa propia ha sido siempre uno de los símbolos de la vida de clase media a la que tantos aspiran. Estudios indican que el porcentaje de familias propietarias ha caído de tal manera, que hoy en día es menor al de la mayoría de las ciudades latinoamericanas.
En Estados Unidos solo el 64 por ciento de las familias vive en casa propia, según datos del Censo. Datos que caen aún más en Europa. Por ejemplo en Alemania, llega apenas al 43 por ciento.
LOS MOTIVOS PARA LA DIVERGENCIA
Sin embargo, en América Latina es notoria la diferencia que hay entre las ciudades a la hora de ver quiénes compran y quiénes alquilan vivienda.
Andrés Blanco del BID cree que hay por lo menos tres grandes razones que explican estas diferencias entre las ciudades latinoamericanas.
Por una parte, indica el experto, hay factores sociales que cambian la demanda. Grupos como los jóvenes y los divorciados tienden a alquilar más, explica el experto. Por lo que las ciudades donde están más representados estos grupos van a mostrar también más inclinación a alquilar que a comprar.
También hay políticas de subsidios estatales en países como Chile, que por lo general, buscan ayudar a la gente a comprar vivienda propia. A diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, donde muchas veces hay subsidios para que la gente alquile, señala el funcionario del BID.
Adicionalmente, los patrones de propiedad de la tierra en la ciudad son importantes para entender el fenómeno. En ciudades como Bogotá, donde la tierra que rodea a la ciudad es de propiedad privada, se hace muy caro, para los recién llegados, adquirir un terreno en donde edificar su vivienda.
Mientras que en otras ciudades de la región, rodeadas de terreno estatal, muchos residentes encuentran relativamente más fácil ocupar predios para establecer ahí su residencia.
Blanco sospecha que estos factores pueden ayudar a explicar el caso de Managua y su altísimo porcentaje de propietarios, así como el hecho que en la capital colombiana sea mucho más común vivir en arriendo.
CADA VEZ MÁS EN ARRIENDO
Otra de las tendencias que puede observarse en muchas de las principales ciudades de la región, es que cada vez hay más gente tomando la decisión de alquilar en vez de comprar.
El estudio del BID indica que en la mayoría de países de la región el alquiler ha venido creciendo a partir de los noventa.
Hay una fuerte tendencia cultural a querer casa propia, asegura Blanco, pero muchas veces la gente joven no sabe dónde quiere vivir, y no sabe qué tan grande deberá ser su vivienda en el futuro. En estos casos, muchas veces no se justifica financieramente tener una vivienda propia.
El especialista del BID cita además, el hecho que en América Latina hay costos de transacción altos, asociados a comprar vivienda, que pueden llegar en promedio al 12 por ciento del valor del inmueble.
Si yo compro una vivienda esta mañana y la vendo esta tarde, de entrada pierdo más del diez por ciento con todo lo que tengo que pagar de impuestos, corredores inmobiliarios, seguros y todo lo demás. Para compensar esos costos, necesito estar en esa residencia desde tres, cuatro, cinco, hasta diez años en mercados que no son muy dinámicos, señala Blanco.
TIERRA MUY CARA INFLUYE
Andrés Blanco, del BID, indica que la tendencia en muchas de las ciudades de la región es a observar aumentos en el precio de la tierra por encima de la tasa de inflación. Esto, sumado al encarecimiento del crédito en varias naciones de la región, hace más complejas las perspectivas de comprar vivienda.
Al mismo tiempo que por cuenta de cambios culturales y sociales, hay cada vez más solteros y divorciados, así como inmigrantes que no saben cuánto tiempo quieren permanecer en una determinada ciudad.
Todos estos factores hacen más probable que en el futuro cercano, aumente la tasa de alquiler en muchas de las grandes ciudades latinoamericanas, puntualiza Blanco.
EL DÉFICIT
El déficit de vivienda sigue siendo un problema en América Latina y el Caribe. En el 2009 se registraba que el 37 por ciento de los hogares casi 54 millones de familias de la región como un todo sufría algún tipo de carencia habitacional.
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