La Organización de Estados Americanos (OEA) elegirá hoy en Washington DC a su nuevo secretario general, en sustitución del diplomático y político socialista chileno José Miguel Insulsa, a quien en una ocasión el difunto dictador venezolano Hugo Chávez calificó injuriosamente como “el pendejo insulso”. Esto ocurrió a principios de enero de 2007, cuando el secretario general de la OEA pidió públicamente a Chávez que reconsiderara su decisión de clausurar Radio Caracas Televisión (RCTV), la antigua y prestigiosa empresa de comunicación electrónica independiente y crítica que denunciaba los abusos del régimen chavista.
Desde entonces Insulsa no volvió a cuestionar a ninguno de los gobernantes autoritarios que pertenecen a la alianza Alba, se “olvidó” que existe la Carta Democrática Interamericana y que una de las principales responsabilidades del secretario general de la OEA es la de velar por su cumplimiento y respeto.
El único candidato para sustituir a Insulsa es el político y diplomático uruguayo de izquierda, Luis Almagro, quien fuera ministro de Relaciones Exteriores en el gobierno del presidente José Mujica y embajador de Uruguay en China e Irán. Teniendo el respaldo declarado de por lo menos 20 de los 34 países miembros de la OEA, la elección de Almagro está prácticamente asegurada
Sin embargo, el cambio de secretario general de la OEA —del chileno Insulsa por el uruguayo Almagro— no garantiza que habrá cambio de política en la conducción de la organización hemisférica de gobiernos. Y mucho menos que la Carta Democrática Interamericana vuelva a tener la importancia, integridad y respetabilidad que tuvo después que fue aprobada el 11 de septiembre de 2001 en Lima, Perú. Ni asegura, la llegada de Almagro, que ahora sí la OEA tomará medidas para sancionar a los gobiernos que no respetan las reglas y valores democráticos de gobierno y convivencia social.
Sorprendentemente, la Red Latinoamericana y del Caribe para la Democracia (RedLad), prestigiosa organización no gubernamental que agrupa a más de 500 organizaciones defensoras de la democracia y los derechos humanos, declaró que con Almagro habrá un cambio positivo en la OEA y se fortalecerá la defensa de los derechos humanos y la democracia en la región. Y por eso lo avaló anticipadamente en una declaración pública emitida el 19 de febrero pasado.
Pero los críticos de Almagro aseguran que ocurrirá todo lo contrario. Primero porque los que han promovido su candidatura son los gobiernos del Alba, con el apoyo de todos los países que se benefician directamente con el subsidio petrolero de Venezuela. Segundo, porque cuando fue Canciller de Uruguay Almagro nunca protestó por la represión en Venezuela. Y tercero, porque él es cercano al gobierno de Ecuador y podría más bien apoyar el plan ecuatoriano de reformar el sistema interamericano de derechos humanos, para quitarle a la CIDH la autonomía y la garra en la defensa de los derechos fundamentales.
De todas maneras, como ha escrito el analista Andrés Oppenheimer, solo se podrá saber si Almagro “en verdad tiene colmillo y un compromiso real con la defensa de la democracia” hasta después que comience a ejercer sus funciones en el próximo mes de mayo.
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