Memoria plástica

Determinante para la expansión del cartelismo y su gran impacto publicitario y artístico, con un lenguaje visual único, fue la incorporación de pintores destacados durante la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX, agregando a su profesión, la especialidad de artista gráfico.

Determinante para la expansión del cartelismo y su gran impacto publicitario y artístico, con un lenguaje visual único, fue la incorporación de pintores destacados durante la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX, agregando a su profesión, la especialidad de artista gráfico.

[doap_box title=»Afiches» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]En Johnny Villares se sintetiza la profesión y el oficio, el pintor y el cartelista que una vez diseñó afiches con función publicitaria, manteniendo esencialmente una expresión artística sin precedentes en Nicaragua, cuya colección se mantiene viva para rescatar parte de esta etapa que quedó en las paredes del Teatro Nacional Rubén Darío y de Managua.[/doap_box]

Ese espíritu europeo se reproduce en Nicaragua en la década de los cuarenta y marca un hito tanto en la historia de la publicidad como en la modernidad plástica, que permitirán luego, la incursión de grandes pintores al mundo del arte gráfico. La primera iniciativa pionera y efímera la fundan el poeta Joaquín Pasos y el caricaturista y dibujante Toño López en 1946, como agencia publicitaria PALO, por la primera sílaba de sus apellidos.

En 1948 el prestigiado músico y compositor Erwin Krüger y el director radial y exmilitar de carrera Manuel David Morales (q.e.p.d.), fundan KRÜMO, sociedad activa durante cuatro años, que da lugar a MORALES PUBLICIDAD, agencia que continúa su funcionamiento hasta la actualidad.

De igual manera, en 1948, la Escuela de Bellas Artes fundada en 1938 por el escultor Genaro Amador Lira, logra su renacimiento bajo la dirección del Maestro Rodrigo Peñalba, incorporando los istmos pictóricos europeos, bajo los cuales, se formaron una serie de grandes pintores, entre los que destacan el Maestro Johnny Villares.

Luego de sus estudios en Bellas Artes, a la edad de 20 años, Villares asume la responsabilidad del diseño de afiches o carteles del Teatro Nacional Rubén Darío entre1969 y 1976, haciendo de este, un instrumento de investigación. Sus detallados análisis de las estructuras sintácticas y semánticas de las variables que implican el diseño de una pieza gráfica hecha a mano, aportaron un marco conceptual y teórico que vinieron a consolidar al diseño gráfico como una disciplina con estructuras, métodos y lenguajes propios.

Sus afiches se han convertido en clásicos bajo cualquier estándar, sus trazos extraordinarios muestran sus puntos de vista de los primeros grandes espectáculos que albergó el Teatro Nacional en esa época y por supuesto, una mirada de una parte de la cultura de la vieja Managua, representada en esta institución.

Villares fue un modernista pionero que basó su trabajo en el ahorro, carteles con publicidad directa que son obras maestras de economía, los elementos eran a menudo simplemente el nombre de la compañía en letras grandes y un dibujo mostrando el producto, con una fuerza que puede ser considerada el arquetipo de todo cartel.

Desde una diversidad de estilos y técnicas como el plumillismo, el figurativismo, el impresionismo, el dibujo, algunas veces el pop art, Johnny Villartes utiliza una iconografía estilizante, principalmente de formas planas y volumen esquemático, uso de colores primarios y predominio de la línea a lo Lichtenstein. Entre los más representativos de sus diseños, transitamos por el ballet, el folklore, la música clásica, el teatro, el flamenco, la ópera, la música coral y apreciamos instrumentos musicales como el violín, el contrabajo, la tuba y el corno; unas veces figuras hieráticas espectrales con trazos gruesos como el afiche del Cuarteto Melos, otras, muy bien estilizadas con una línea fina y ondulante casi angelical utilizada para anunciar a la Camerata Bariloche.

Es magistral su diseño del Ballet Folklórico del Cáucaso Kabardinka, el primer espectáculo Ruso en Nicaragua. En él elabora una composición coreográfica de los danzantes y contrasta los colores primarios azul del vestuario con el amarillo apenas insinuado del fondo.

El cartel dedicado a la pianista norteamericana, Ursula Oppens, es uno de sus más sutiles propuestas. Esboza rasgos de sus manos, brazo, pelo y rostro de manera sugerida y armónica. Una línea depurada y transparente.

Duke Ellington y la Compañía de Comedias Óscar Ortíz de Pinedo se apartan radicalmente de sus definiciones de la línea y el dibujo. En el primero, uno de los más importantes e influyentes compositores de jazz de la historia, lo sublima desde una perspectiva futurista, colorista y una vertiente del pop art, destacando en su composición, el nombre y rostro alegórico del artista.

En cuanto a la Compañía de Comedias Óscar Ortíz de Pinedo, encontramos una reminiscencia del destacado pintor e ilustrador Henri de Toulouse-Lautrec, encarnando personajes símbolos del teatro de comedias y el teatro cabaret, caracterizados con grandilocuencia de gestos y uso de la exageración de la forma.

La voz que se validó en un muro y comunicó un momento de nuestra historia cultural y artística, bajo la expresión de un cartel, testigo de una memoria viva: Johnny Villares.

Cultura

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