Lo que revela el déficit del INSS

El Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) se asienta sobre un mercado laboral en el que coexisten algunos segmentos de relativa mayor productividad, que generan el empleo formal.

El Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) se asienta sobre un mercado laboral en el que coexisten algunos segmentos de relativa mayor productividad, que generan el empleo formal, el cual representa el menor porcentaje del empleo, con cientos de miles de unidades económicas que establecen las propias familias para sobrevivir, y que generan la mayor parte del empleo.

Esto se refleja, por un lado, en la bajísima cobertura del INSS, cuyo diseño y funcionamiento presuponen el predominio del empleo asalariado formal.

Por otro lado, se refleja en el hecho de que, debido a la presión que ejerce el enorme subempleo sobre los salarios del propio sector formal, los mismos son tan reducidos que si las pensiones se estableciesen estrictamente conforme a la fórmula establecida, la mayor parte de ellas se colocaría debajo del salario mínimo.

Pero los desequilibrios financieros que padece actualmente el INSS no solo se derivan de esta gran falla estructural. Al analizar las cifras correspondientes a ingresos por cotización y pago de prestaciones, se denota un primer desequilibrio: los ingresos han crecido 258 por ciento entre 2006 y 2014, mientras los pagos de pensiones y prestaciones sociales a los asegurados han crecido en 378 por ciento.

Detrás del mismo se encuentra ciertamente el proceso de transición demográfica, el cual se traduce en un crecimiento más rápido del número de adultos mayores que de trabajadores activos, lo que en solo dos décadas más llevará al país a la fase plena de envejecimiento. Este es el desafío de mayor envergadura a enfrentar, dadas las características del mercado laboral.

En segundo lugar, con un peso mayor a corto plazo, también se encuentra el hecho de que el INSS se ha visto forzado a asumir responsabilidades sumamente costosas, que corresponden a la política de protección social del Estado, como asegurar el pago de una pensión mínima y una pensión reducida.

Las cifras permiten detectar otros factores que también están pesando en la situación financiera del INSS: un crecimiento del 463 por ciento de los gastos operativos correspondientes a la nómina salarial, y del 402 por ciento de los correspondientes a compra de bienes y servicios entre 2006 y 2014, muy superior al crecimiento del pago de pensiones y prestaciones y al crecimiento de los ingresos.

Finalmente, la política de inversiones en activos financieros y no financieros adolece de total opacidad en condiciones en que, de acuerdo con las cifras, los rendimientos de las mismas han experimentado un pronunciado declive.

De este análisis se desprenden algunas líneas para enfrentar la fragilidad financiera del INSS, y sus problemas de viabilidad.

Primero: es indispensable que el INSS se transforme en una institución nacional autónoma, profesional y absolutamente transparente, que rinda cuentas claras a los centenares de miles de cotizantes, a los decenas de miles de pensionados y empleadores, y a los cientos de miles de jóvenes que en unas décadas más arribarán a la vejez, y tienen derecho a esperar la sobrevivencia de esta entidad.

Segundo: el país tiene que definir con absoluta claridad la política de protección social que implementará para prevenir la pobreza en la vejez de los adultos mayores, y como financiarla. El INSS no puede seguir asumiendo, con unas finanzas tan frágiles, responsabilidades cuyo financiamiento compete, en todo el mundo, al Presupuesto de la Nación.

Tercero: deben revisarse, en el muy corto plazo, las razones del injustificable crecimiento de los gastos operativos distintos del pago de pensiones y prestaciones, y deben normarse las inversiones de manera absolutamente transparente, informando al público sin ambigüedades el detalle de las mismas, su justificación y rendimiento.

Cuarto: la nación como un todo debe dirimir como hará frente a los enormes desafíos que representa el proceso de envejecimiento.

En realidad, la única manera de afrontar este desafío fundamental, es transformar el tipo y la estructura del empleo que genera nuestra economía, de manera que un número cada vez más reducido de trabajadores, desempeñando empleos de creciente productividad y remuneración, pueda sostener a un número cada vez mayor de adultos mayores.

Sin empeñar esfuerzos extraordinarios para enfrentar este problema de fondo, el cual hunde sus raíces en la propia estructura de nuestra economía, no solo estará en entredicho de manera irremediable la viabilidad del INSS, sino del propio país.

*Economista

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