Lejos de las grandes pantallas de computadoras donde se reflejan el sube y baja de los valores del café, el azúcar, el cacao o el maíz en los modernos edificios de Wall Street (la Bolsa de Valores de Nueva York), en las fincas agrícolas de Nicaragua miles de agricultores ruegan porque este año el clima les favorezca para sacar cosechas en abundancia. De paso esperan que los compradores les paguen bien su producción.
Los pronósticos no son alentadores. La mayoría de los precios de los productores comercializados en la Bolsa se desploman, es el caso del café que se cotiza casi treinta por ciento menos que hace ocho meses y la suerte arrastra al azúcar crudo o de exportación que cayó 21 por ciento en ese mismo período.
Las noticias del clima no son mejores. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) ya confirmó en marzo la llegada de El Niño, un fenómeno que produce el calentamiento de las aguas del Pacífico a la altura del Ecuador y que causa cambios climáticos a nivel global. Aunque El Niño esta vez sería débil.
¿Cómo sortearán los productores estos escenarios? La Asociación de Productores y Exportadores Agropecuarios (APEN) y la Bolsa Agropecuaria de Nicaragua (Bagsa) diseñaron un programa —que cuenta con el apoyo financiero del Banco Mundial (BM) y el Fondo de Desarrollo Social de Japón—, para preparar a tres mil agricultores locales sobre cómo se comportan los precios internacionales para que puedan establecer contratos de compra y venta de sus cosechas a futuro.
La dependencia de los caprichos de los mercados y del clima pone en peligro los ingresos, pero también la alimentación diaria de los campesinos. Y el impacto más directo se hace notar en países como Nicaragua donde hay muchas familias autoconsumidoras.
Azucena Castillo, gerente general de APEN, agrega que es una “combinación explosiva en la afectación de la seguridad alimentaria en las comunidades más pobres de este país”.[/doap_box]
“Que sepan desenvolverse en la Bolsa. Los pequeños productores deben conocer cuáles son los indicadores de los precios en que se transan sus productos para que sepan cómo cubrirse ante las variaciones”, dice Enrique Zamora, presidente de la junta directiva de APEN.
UN AÑO DE ENTRENAMIENTO
Las capacitaciones durarán un año y el capital del programa es de un millón de dólares.
“El próximo año ya deben estar inmersos negociando en la Bolsa”, expresa Zamora.
El programa arrancó en zonas como Jinotega donde a productores de café como Julio César Argüello, los técnicos les enseñan que el cambio climático marca el vaivén de los precios de los granos que cultivan.
Argüello tiene la idea de crear café con aroma cítrico, pero la inestabilidad del clima es el obstáculo de sus plantas.
“Para mantener plantaciones aún con este tipo de clima que tenemos donde se nos elevan los costos, nosotros necesitamos al menos un precio base para decir ‘Sí podemos cultivar café’”, refiere este caficultor.
José Román González, productor de café, maíz y frijoles, considera que les ayudaría contar con un Puesto de Bolsa en la zona “para monitorear los precios de los granos básicos” y del resto de rubros.
Aunque el noventa por ciento de la cosecha de café 2014-2015 se fijó cuando el precio estaba alto, el temor del gremio es que de seguir cayendo afecte la colocación de la siguiente cosecha.
El viernes pasado el quintal de café cerró en 129.80 dólares en los contratos de futuro en el mercado bursátil, contrastando con los 185 dólares alcanzando el pasado octubre.
“Es un paso muy importante para los productores más vulnerables y les ayudará a minimizar los riesgos agropecuarios y aumentar inversiones, productividad e ingresos de los productores más pequeños”. Katie Kennedy Freeman, del Banco Mundial.
CONTRATO A MEDIDA
“Si no se busca un mecanismo que le permita a los productores cubrirse contra la caída de los precios van a desaparecer ya que no van a tener rentabilidad para poder producir”, advierte Luis Arévalo, gerente general de Bagsa.
Explica Arévalo que dentro del programa se desarrollarán opciones, contratos a términos o financieros para darles a los productores más certezas sobre los precios de los cultivos o “los que podrán producir en el futuro”.
Se diseña la plataforma tecnológica viable para facilitarlas en las zonas de los productores. Además funcionarios de APEN y los técnicos del Banco Mundial se reunieron recientemente con autoridades de la Dirección General de Ingresos (DGI) para que se den a conocer las condiciones fiscales de la Ley de Concertación Tributaria (LCT) a quiénes transan por medio de Bagsa.
El proyecto de APEN, Bagsa y el Banco Mundial responde “a la necesidad específica” de los pequeños productores de reducir los costos de transacciones para el comercio de productores agropecuarios en los mercados locales e internacionales”, explica Katie Kennedy Freeman, del área de Agricultura del Banco Mundial y líder del proyecto.
Agrega Juan Manuel Sánchez, gerente de operaciones de APEN, que se trata de que los agricultores sepan los riesgos de tipo climático, o sociales y políticos, pero sobre todo del orden comercial con el mercado “donde mantener información de precio es algo esencial para poder saber y decidir cuándo comprar y cuándo vender sin que eso afecte sus ingresos y su seguridad alimentaria”.
(Con información de María Victoria Ojea, del Banco Mundial).