[doap_box title=»Mutación» box_color=»#336699″ class=»aside-box»] 3.8 millones de refugiados ha dejado el conflicto sirio, la mitad de ellos niños, repartidos en países como Turquía (1.7 millones), Líbano (1.2 millones), Jordania (622,000), Kurdistán iraquí (250,000) y Egipto (136,000).
La guerra entre sirios acabó mutando en un conflicto más complejo con la irrupción de milicianos extranjeros en grupos yihadistas como el Frente al Nusra, filial de Al Qaeda en Siria, surgida en enero de 2012, o el Estado Islámico (EI), que empezó a operar en abril de 2013. En el bando del régimen, la organización chií libanesa Hizbulá envió combatientes para respaldar al Gobierno sirio, así como Irán.
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Hoy se cumplen cuatro años desde que iniciaron las protestas antigubernamentales contra Bashar al Asad, en Deraa, denominadas Una Siria sin tiranía, y que terminaron en el conflicto armado en Siria, que ha dejado doscientos mil muertos y más de 12.2 millones de sirios que necesitan ayuda humanitaria de emergencia para sobrevivir.
El general del opositor Ejército Libre Sirio (ELS), Ahmad Rahal, quien en 2011 era profesor en la Academia Militar Superior en Damasco, lo recuerda nítidamente: Siria era un hervidero de descontento popular y se esperaba que se rompiera la barrera del terror al régimen.
Para el general, el detonante fue la bajeza moral, económica y estructural presente en todos los ámbitos. Al Asad había convertido el país en una granja para su familia y parientes, señaló.
En la víspera, la aviación del régimen lanzó 81 bombardeos con aviones de guerra y 72 con helicópteros que arrojaron barriles de explosivos, y que causaron decenas de muertos y heridos civiles, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, con sede en Gran Bretaña.
La ONG agregó que los ataques aéreos se produjeron en las provincias de Deraa, Quneitra, Homs, Hama, Alepo, Idleb y Damasco.
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