Miles de brasileños, agrupados en sindicatos, movimientos sociales de izquierdas y estudiantes salieron ayer a las calles en ciudades de 24 de 27 estados del país para defender la petrolera estatal Petrobras y la gestión de la presidenta Dilma Rousseff, frente a las marchas que se esperan mañana contra la mandataria.
Los manifestantes expresaron su apoyo al Gobierno, pero entre los elogios se deslizaron críticas contra los ajustes implementados por la presidenta para enfrentar la delicada situación económica del país.
“Las personas tienen derecho a manifestarse, a favor o en contra del Gobierno. Pero golpismo, no. La manifestación del domingo no puede tener esa característica”, afirmó en Sao Paulo Vagner Freitas, presidente de la Central Única de Trabajadores (CUT), organizadora de la movilización a favor de Rousseff.
Ayer, la Mesa Directora de la Cámara de Diputados recibió un pedido formal para el inicio de un juicio político contra Rousseff, presentado en forma individual por el diputado opositor Jair Bolsonaro, el parlamentario más activo de la derecha.
No obstante, el vicepresidente de Brasil, Michel Temer, declaró que la posibilidad de que Rousseff sea sometida a un juicio político es “inviable” e “impensable”.
En un acto en Sao Paulo, en el que, según la Policía Militarizada la marcha reunió unas 12,000 personas, Cibeles Souza, trabajadora de Petrobras, aseguró que los corruptos deben ser castigados, pero no por eso “debe debilitarse” la petrolera.
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