Después de retrasar durante una semana la publicación del balance del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) para 2014, el BCN finalmente publicó este dato. La cifra del déficit terminó siendo de 887 millones de córdobas para el año 2014, 4.4 veces superior al de 2013.
De acuerdo con la proyección oficial, si no se efectuaba la reforma, el déficit del INSS alcanzaría los 354 millones de córdobas en 2014, y el déficit se iría ampliando hasta alcanzar los 678.4 millones en el año 2017.
La justificación de las reformas fue que, de no llevarse a cabo las mismas, los déficit agotarían rápidamente las reservas del INSS, el cual se tornaría insolvente para el año 2020. Según se dijo, las reformas harían posible que, a partir de 2014, en vez de déficit se obtuviesen crecientes superávit, los cuales permitirían extender la solvencia del INSS cuando menos hasta el año 2036.
Sin embargo, al terminar 2014, habiendo efectuado las reformas, en lugar de superávit se generó un déficit de 887 millones de córdobas, muy por encima del déficit de 678.4 millones que se suponía que ocurriría hasta en el año 2017, si no se efectuaban las reformas.
El hecho de que se produjera semejante déficit, habiendo efectuado las reformas, implica que las proyecciones en que se basaron las mismas deberían revisarse por completo, y las propias reformas debían re-evaluarse, porque se quedaron manifiestamente cortas en relación a los resultados prometidos.
Mas aún, la razón por la cual el déficit no superó los 1,300 millones de córdobas fue que, bajo el apremio del enorme déficit que se estaba perfilando, en el último mes del año 2014 se recortaron los gastos en compra de bienes y servicios, se contrajo la adquisición de activos no financieros, al parecer se hicieron esfuerzos verdaderamente drásticos por recuperar cartera, y todo indica que se decidió acelerar, en favor del INSS, el pago de intereses devengados por las inversiones en títulos del Ministerio de Hacienda y el BCN.
A la luz de estos hechos parece evidente que, si en el muy corto plazo no se adoptan medidas verdaderamente serias por el lado del fuerte crecimiento que han venido teniendo los gastos del INSS distintos del pago de pensiones y prestaciones, y por el lado del incremento sustancial del rendimiento de las inversiones, el hueco, en vez de reducirse, se ampliará. El derrumbe de los ingresos financieros se debe a que el INSS es forzado a invertir en títulos del Gobierno y el BCN, que devengan un interés muy bajo.
Fíjese usted: aún suponiendo que los ingresos del INSS pasan de crecer de un 16.3 por ciento en 2014, a crecer 19.3 por ciento en 2015, si los egresos totales del INSS crecen en 2015 a la misma tasa en que lo hicieron en 2014, el déficit se incrementaría fácilmente hasta alcanzar 1,500 millones de córdobas.
También debería replantearse la manera de financiar el aseguramiento de una pensión mínima.
Pero estos elementos desempeñan ante todo el papel de lastre que contribuye a hundir más rápido un buque que ya tiene serias fallas estructurales.
En realidad lo fundamental, para asegurar la viabilidad a largo plazo de INSS, radica en la necesidad de hacer esfuerzos verdaderamente extraordinarios —que en realidad debieron iniciarse al menos una década o dos atrás— por diversificar aceleradamente la economía y mejorar la calidad del empleo y los ingresos que esta genera.
Porque en última instancia el problema de fondo del INSS, el cual hunde sus raíces en la propia estructura de nuestra economía, es el hecho de que la misma genera, fundamentalmente, empleos info
rmales, de bajísima productividad, que corresponden al esfuerzo de sobrevivencia de las familias nicaragüenses, y aún los denominados empleos formales rinden salarios tan reducidos que la mayoría absoluta de las pensiones —si se calculasen estrictamente conforme a la fórmula establecida—, resultarían en pensiones muy inferiores al salario mínimo.
Si esta gran “fractura estructural” no se resuelve, no solo el INSS, sino el país, están condenados a una aguda crisis de viabilidad, a medida que el envejecimiento deteriore con gran rapidez la relación adultos mayores/personas económicamente activas.
*Economista
[email protected]
Ver en la versión impresa las páginas: 3 C