El régimen chavista de Venezuela trata de justificar el encarcelamiento y ultraje físico al alcalde mayor de Caracas, Antonio Ledezma, acusándolo de promover un frustrado golpe de Estado y magnicidio, es decir, un plan para matar a Nicolás Maduro.
La acusación contra Ledezma se extiende a la diputada opositora que fue despojada de su escaño legislativo por el régimen de Maduro, María Corina Machado, y al parlamentario de la oposición Julio Borges, quien será desaforado para poder encarcelarlo y entregarlo a un aparato judicial que no imparte justicia, sino que es un instrumento represivo del chavismo.
Pero la represión contra Ledezma y alrededor de cincuenta opositores más que han sido encarcelados en lo que va de 2015, así como las amenazas contra Machado y Borges, no son porque ellos estuvieran fraguando un golpe de Estado. En Venezuela el golpe de Estado no podría ser la salida democrática de la profunda crisis total que ha causado el “socialismo del siglo XXI”, un régimen aberrante que reune características comunistas y fascistas al mismo tiempo. El único golpe de Estado que podría ocurrir en Venezuela, del cual se ha estado hablando últimamente, sería de alguna facción del mismo chavismo probablemente peor que la de Maduro.
La oportunidad de Venezuela de restaurar la democracia por medio de un golpe de Estado se perdió en 2002, cuando el dictador militar Hugo Chávez fue derrocado por un golpe cívico militar apoyado en una gran huelga general nacional. Pero el golpe fracasó tres días después por falta de apoyo internacional, en particular de Estados Unidos, que de todas manera fue acusado de instigar la acción golpista.
La oposición democrática de Venezuela y personalmente sus líderes, como Antonio Ledezma, María Corina Machado, Leopoldo López, Henrique Capriles y demás, tienen completamente claro que el cambio de gobierno para restaurar la democracia y sacar al país de la crisis, se tiene que lograr por los medios legales e institucionales que prevé la Constitución venezolana: la renuncia del presidente, las elecciones como las legislativas que se deben celebrar este año y el referendo revocatorio del mandato presidencial de Maduro, que se puede realizar después de la mitad de su periodo de seis años, o sea a mediados de 2016.
“La detención del alcalde Antonio Ledezma, un líder que ha pregonado hasta el cansancio su voluntad de ir a las elecciones como el único camino para el cambio de modelo (si es que este mamarracho de gobierno es un “modelo”), que además ha hecho del voto único el instrumento válido para cambiar las cosas, solo nos dice a los venezolanos y al mundo que una ola represiva viene en camino”, ha señalado editorialmente el diario El Nacional, de Caracas, uno de los pocos medios independientes y democráticos que todavía quedan en Venezuela.
La represión es el recurso trillado de todos los regímenes totalitarios para mantenerse en el poder en contra de la voluntad del pueblo y para encubrir su incapacidad de gobernar en forma normal y eficiente. De manera que el único golpe de Estado que está en desarrollo en Venezuela es el que está perpetrando el mismo poder chavista, en contra de la libertad, la democracia y la posibilidad de salir de la crisis por una vía cívica y pacífica.
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