El proceso electoral, clasificado por muchos como el más transparente en la historia política de Nicaragua, el final de diez años de un gobierno posrevolucionario y la primera mujer presidente en América, todos estos eventos históricos están por cumplir 25 años el 25 de febrero.
El exmiembro de la Unión Nacional Opositora (UNO) desde el Partido Social Cristiano, Agustín Jarquín Anaya, cree que el triunfo de esta coalición el 25 de febrero de 1990 no se puede entender fuera del contexto del país en aquellos años. El debilitamiento de la Unión Soviética (URSS), el auge de los derechos humanos impulsados por el expresidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter, y la firma de los Acuerdos de Esquipulas I y II que nuevamente aportaban por la integración de los países del istmo.
ACUERDOS DE ESQUIPULAS
La vigencia de los Acuerdos de Esquipulas, donde los cinco gobiernos desde Guatemala hasta Costa Rica, convenían en restablecer sistemas de gobierno democráticos; el reconocer los derechos civiles y determinar que son las elecciones libres, democráticas, competitivas la manera de llegar al poder; eliminar o disminuir el armamentismo para que hubiera un balance de fuerzas; lograr una paz firme y duradera fundada en estos avances políticos y la justicia social, eran, entre otros, aspectos fundamentales que incidieron en el cambio, según explicó Jarquín Anaya.
Jarquín Anaya aseveró que con la firma de los Acuerdos Esquipulas entre 1986 y 1987 se establecieron las bases de la institucionalidad democrática moderna de Centroamérica y Nicaragua.
EN ESE TIEMPO SABÍAN CONTAR LOS VOTOS
En ese tiempo (Daniel) Ortega cumplió su compromiso de permitir elecciones que fueran competitivas, con autoridades electorales que aunque fueran sandinistas, contaban bien los votos, no como ahora, y reconocían la soberanía nacional expresada en las urnas, agregó Jarquín Anaya.
Recordó que el Gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) era totalizante desde la visión del pensamiento marxista, como sistema económico-social y leninista, como sistema político.
Era el dominio del partido en todo, como desafortunadamente hoy estamos viendo que Ortega lo está restituyendo en Nicaragua, en esa condición había un dominio de la Policía, que era una Policía Sandinista. Todo el sistema público, como Aduana y el manejo de los medios de comunicación, eran controlados por el Ministerio del Interior, etcétera. Había un dominio totalizante de la sociedad y por supuesto el sistema electoral, comentó Jarquín Anaya.
Pese al control del FSLN, sobre todo el sistema social y político en la década de los ochenta, Jarquín Anaya, reconoce que hubo un compromiso de permitir elecciones libres, como lo mandaban los Acuerdos de Esquipulas.
Para la entonces secretaria del Consejo Supremo Electoral (CSE), Rosa Marina Zelaya, fue meritorio que los presidentes de Centroamérica buscaran el mecanismo que pudiera llevar a la paz.
El camino que buscaron fue el correcto porque fue la idea de la celebración de las elecciones libres, justas, transparentes y honestas donde se decidiera la situación de quién iba a ser el presidente o presidenta de la República a nivel de votos, de manera que era una forma de buscar la paz a través de vías cívicas, no de buscar la paz a través de quién ganó una guerra o quién perdió una guerra, indicó Zelaya.

LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN
DANIEL ORTEGA CONFIADO
Jarquín Anaya considera que otro factor importante para la celebración de elecciones justas fue que Ortega pensó que iba a ganar, dado que lo favorecían las encuestas.
Encuestadoras de gran prestigio, como la Cid Gallup, daban por ganador a Ortega. ¿Qué ocurría? Igual que ocurre ahora, la gente por temor enmascaraba su opinión, haciendo el papel de El Güegüense. Decían sí, yo apoyo este gobierno, porque si no lo hacían pensaban chiva, si yo digo lo que pienso, esta gente me pasa la cuenta y recordemos que había control incluso en la distribución de la comida, expresó Jarquín Anaya.
Si te fueras por las encuestas y te fueras por las manifestaciones en la campaña electoral, el Frente Sandinista ganaba 3 a 1, según las encuestas, salvo una de Víctor Borges y Asociados, que fue el único que pronosticó que ganaba doña Violeta (Barrios de Chamorro), que ganaba la Unión Nacional Opositora. Todo el resto de encuestadores, incluyendo nacionales e internacionales, decían que ganaba Daniel Ortega, quien era el candidato a presidente por el Frente Sandinista, recuerda Zelaya.
CSE Y LA OBSERVACIÓN
Zelaya recordó que las elecciones de 1990 han sido para ella las más participativas, calculando un aproximado de 84 por ciento de votantes.
Un ingrediente que yo destacaría es la observación electoral internacional masiva que hubo. Había más de tres mil observadores electorales internacionales y había más de 1,500 periodistas nacionales y extranjeros que estaban siguiendo el día a día de las elecciones. Eso también fue un elemento muy importante, desde el punto de vista de la credibilidad del proceso electoral, sostuvo Zelaya.
La participación de la observación internacional estuvo presente en el país desde 1989, cuenta Zelaya, cuando se empezaba a hablar de una ley electoral en Nicaragua, la cual iba a fundamentar el proceso electoral del siguiente año.
También fue muy importante la apertura que tuvo el Consejo con reuniones periódicas con todos los partidos políticos y alianzas de partidos políticos que estaban participando. Retomábamos el termómetro del proceso electoral visto desde el punto de los representantes de los partidos políticos para que el Consejo pudiera darles información de primera mano de cómo iban ocurriendo los hechos del calendario electoral e incluso para consultarles algunos temas de interés mutuo, argumentó Zelaya.
EL DOCTOR FIALLOS
Zelaya destaca la imagen de Mariano Fiallos Oyanguren, presidente del entonces CSE, como un punto a favor de la credibilidad de la institución, lo cual daba seguridad tanto a opositores como al oficialismo de que el proceso electoral se llevaría con toda transparencia.
Recordemos que en las elecciones siempre está la suspicacia de que si el CSE está en beneficio o no de alguna agrupación política (…) el doctor Mariano Fiallos Oyanguren fue un hombre que le dio mucho prestigio, pues venía de ser rector de una universidad, educador de la UNAN (Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua), educó a tantas generaciones y gozaba de mucho prestigio nacional e internacional y él siempre imprimió que teníamos que ser muy profesionales en el manejo de la elección porque esto iba a garantizar la paz o la guerra en Nicaragua, declaró Zelaya.
Como apoyo a la dirigencia de Fiallos, Zelaya destaca el acompañamiento de la comunidad internacional al CSE, la cual, explica, estaba pendiente dándole seguimiento al proceso. Dentro de este apoyo se destaca Suecia, con la capacitación técnica.
Recordemos que Nicaragua venía primero del triunfo de una revolución que derrocó al gobierno de Anastasio Somoza, venía de unas elecciones que se habían realizado en 1984, las primeras después de Somoza, y no había mucha experiencia de parte de nosotros que estábamos en el CSE de organizar una elección. Máxime que ni siquiera se tenía una infraestructura de sistema en ese momento, refirió Zelaya.
Para Zelaya, todo se tiene que ver de manera integral, dado que considera que cada quién jugo su papel. Por una parte, los partidos políticos de oposición, que a pesar de haber 21 participando, había una alianza, la UNO; por otra parte, estaba el FSLN. De manera que llegó un momento en que la elección se polarizó, expresó la exfuncionaria.
Había muchas posiciones políticas participando: liberales, conservadores, de otros cortes; sin embargo, realmente el pueblo, yo siempre digo que el pueblo nicaragüense tiene una gran vocación democrática, una gran vocación de votar y de elegir a sus gobernantes y mucha intuición política, finalizó Zelaya.
ESPERE MAÑANA: VIOLETA BARRIOS DE CHAMORRO, LA CANDIDATA DEL PUEBLO
El Consejo Supremo Electoral (CSE) hizo campaña de educación cívica en tres grandes momentos. 1. Para que los electores se fueran a inscribir y obtuvieran su libreta cívica. 2. Llamando a la tolerancia y tratando de minimizar la violencia que se pudiera dar en el proceso electoral. 3. Llamando al voto para que la población conociera dónde ir a votar y para que pudiera realmente creer en la institución, insistiendo en que el voto era secreto.
El 25 de febrero de 1990 no solo se disputaría quién sería el nuevo gobernante de Nicaragua. Ese día se elegía: diputados ante la Asamblea Nacional y diputados regionales, presidente y vicepresidente de la República; por primera vez, diputados ante el Parlamento Centroamericano (Parlacen), Concejos Regionales Autónomos de la costa Caribe y concejales municipales.
En ese momento no se hacía elecciones de alcaldías municipales, sino que se hacía de forma indirecta, dado que después de que se elegían los Concejos Municipales, los concejales elegían a su propio alcalde, explicó Rosa Marina Zelaya, secretaria del Consejo Supremo Electoral en 1990.
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