Su rostro, igual que todo su cuerpo, quedó marcado por los charneles. Tras un mes de sobrevivir al atentado, atormentado por los dolores que le provocan las heridas causadas por el mismo, atontado y sordo por la fuerte explosión, “Byron” habló de los sucesos de El Portal, Santa María de Pantasma, Jinotega.
Desde su escondite para evitar ser capturado, “Byron”, seudónimo que utiliza el campesino oriundo del norte del país en los llamados grupos rearmados que el Gobierno sostiene son grupos delincuenciales, explica que a causa de la detonación “pasé cuatro días en lo oscuro”.
Y de los hechos posteriores a la detonación solo recuerda la forma en que sobrevivió junto con su otro compañero “Marlon”, quien en la desesperación por las heridas le repetía que “buscáramos una ambulancia que nos llevara a una clínica”.
“Yo le dije que preso no quería estar ni un segundo”, apunta “Byron”.
En lo personal “Byron” conversó con el acompañante de “Café Amargo” , quien se le acercó bajo el engaño de preguntar qué necesitaban.
“Yo le dije que no eran machetes de filo, sino que eran armas de fuego, directamente fue un engaño que nos hizo y allí nos faltó a nosotros”, rememora el herido.
Los hombres dejaron las mochilas en las que llevaron ayuda, por lo que cada uno de sus acompañantes empezó a guardarlo. “Sereno” levantaba una de las mochilas cuando ocurrió el estallido. Byron relata que en ese momento él estaba a unos seis metros de donde permanecía “Sereno”.[/doap_box][doap_box title=»Rodó colina abajo para sobrevivir» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]“Con la explosión, yo como quedo en lo oscuro (…), ¿qué voy a hacer? No puedo disparar, no sé a quién le voy a dar, lo que hago es buscar la salida”, explica “Byron”.
Su reacción de supervivencia, dice, le hizo rodar por la colina abajo, al escuchar los disparos, pues “¿qué voy a esperar si estoy en tinieblas (…)? Si esos se han ido quedito, sin disparar, hasta con cuchillo me hubieran matado”.
Señala que supone que el francotirador estaba de sur a norte, porque él va rodando de sur a norte y los disparos iban en esa dirección y porque es impactado por una bala en el pie derecho.
Esto hace presumir también que había una planificación del hecho. Esperaron escuchar el estallido para empezar a dispararles.
El conocimiento de la zona fue a lo que “Byron” le atribuye que haya sobrevivido a tan fuerte explosión. Y en lo oscuro buscó “la parte del guindo, para rodar pues, porque si ha sido parejo, al saber cómo me hubiera tocado”.
[/doap_box]
Tras el fuerte estallido que lanzó por los aires a los que allí estaban, algunos ya despedazados, “Marlon” perdió un ojo y “Byron” apenas puede levantarse por las heridas en todo el cuerpo, tanto por una bala como por las heridas de los charneles, que uno de ellos está por afectarle la visión al haberse incrustado en su ojo izquierdo.
“Marlon creía que yo era el más bueno (de salud), pero (en ese momento) como nadie me ha registrado (todavía), la ropa la tengo arrancada toda, yo me di cuenta hasta el día siguiente”, refiere el herido.
Recuerda que mientras él se movía desde algún lugar alguien espiaba sus movimientos y les disparaba de sur a norte: era un “francotirador”.
Aún atontado por la fuerte explosión que lo lanzó varios metros por los aires, con el cuerpo hecho trizas al igual que su ropa, “Byron” rodó colina abajo por su supervivencia. En ese momento, uno de los balazos lo alcanzó en la pierna derecha. Según quienes lo auxiliaron, el hombre fue encontrado cuando las heridas empezaban a podrirse.
ESTABA ENTRE REFUGIADOS
“Byron” fue uno de los 32 nicas que en marzo de 2013 se refugió en Honduras. Pero cuando empezaron a registrarse los atentados contra Alberto José Midence López, conocido como “Emmanuel” o “Flaco Midence”, asesinado en diciembre de 2013, de Byron de Jesús López Zeledón, alias “Sheriff”, quien en septiembre de ese mismo año fue herido y luego terminó asesinado en 2014, así como en contra de Gerardo Gutiérrez “El Flaco”, herido más recientemente, asegura que decidió retornar al país y reincorporarse a un grupo armado.
PRIMERO CONTACTÓ A “EL FLACO”
Un día antes del estallido, el grupo que integraba “Byron” acampaba en la zona de Yalí, vecino a Santa María de Pantasma, donde un hombre, a quien solo identifica como el mote de “Café Amargo”, pero que él en su lugar le dice “Sin Azúcar”, les había estado contactando.
“Café Amargo” logró infiltrarse entre los rearmados a través de “El Flaco”, en octubre de 2013 después de un choque armado con soldados del Ejército en Anizales Tres y donde murió el armado Santos Ernesto Irías Calderón y el campesino Yairon Díaz, cuya muerte sus familiares la atribuyen al Ejército.
El hombre se ganó la confianza de los rearmados al entregarle a “El Flaco” un fusil M-16. Allí fue considerado un colaborador, fue por ello que “Sereno” —con el que “Byron” se había unido al retornar de Honduras,— no dudó en confiar en “Café Amargo”, cuando este los contactó varias veces, y el 19 de enero les aconsejó bajar hasta El Portal.
“Él dijo que nos quería ayudar en algo, pero que él iba a llevar a un hombre, dijo él, que era el que nos iba a ayudar”.
El 20 de enero era la segunda vez que “Byron” miraba a “Café Amargo”. La primera vez fue en Anizales.
“Y después, cuando nosotros entramos a Honduras y volvimos a salir, ya los contactos eran con el finado ‘Sereno’ (uno de los fallecidos durante la explosión)”. Y aunque dice que “nunca me ha gustado demostrar mucha confianza”, se plegó a lo que decidió “Sereno”, con quien compartía liderazgo, desde unos cuatro meses de haberse reagrupado.
Ese día de la explosión estaban “Sereno”, “Macho”, “Byron” y “Marlon”. La ayuda que les llevaron los visitantes estaba en una de las mochilas: dos bolsas de pan, una gallina asada “en un plato descartable y metido con emplasticado”.
También dos teléfonos y cinco focos y un litro de bebida gaseosa. Todo eso fue vaciado. Y los presentes se distribuyeron los focos y los teléfonos celulares.
La otra mochila iba semiabierta y logró observar una botella de bebida gaseosa no del todo llena, pero que nadie mostró el contenido.
El hombre al que “Café Amargo” no identificó portaba al cinto un aparato similar a un teléfono celular o un control remoto, de forma cuadrada. A un mes “Byron” lamenta que debieron haber averiguado de qué se trataba, pues piensa que fue el detonador de los explosivos que debieron cargar en los focos y los teléfonos, pues uno de los que cargó una de las linternas de mano y la guardó en la bolsa de la camisa fue “Marlon”, a quien al estallarle le sacó un ojo.
“Cuando (ocurrió) la explosión, me eché para atrás y quedo de viaje en tinieblas”, señala “Byron”, quien estima que cuando eso ocurre los supuestos colaboradores ya han avanzado unos trescientos metros.
Ver en la versión impresa las páginas: 4 A