El Gobierno orteguista inaugurará hoy un nuevo monumento a Sandino, en la antigua Plaza de la República, la cual existe todavía y permanece en espera de mejores tiempos para los valores y las instituciones republicanas.
Este homenaje oficialista a Sandino es con motivo del 81 aniversario del asesinato del héroe, ocurrido el 21 de febrero de 1934, por orden del general Anastasio Somoza García. Para entonces los marines de Estados Unidos ya habían salido del país, gobernaba el presidente democrático liberal Juan Bautista Sacasa, el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, de Sandino, había guardado las armas (porque su lucha era ante todo contra la ocupación militar estadounidense) y la paz del país se afianzaba con vistas a ser plataforma de una democracia republicana. Pero este objetivo y anhelo fueron frustrados por el asesinato de Sandino fraguado a espaldas del presidente Sacasa.
Sin duda que Sandino merece todos los monumentos que se puedan erigir para perpetuar su memoria. Pero no el Sandino desvirtuado arteramente para encubrir latrocinios y justificar canalladas contra el decoro nacional; sino el auténtico Sandino, el que defendió con las armas en la mano la soberanía nacional, la integridad territorial y el honor de Nicaragua mancillado por fuerzas extranjeras y políticos nacionales sin escrúpulos; el verdadero Sandino que si pudiera se alzaría en armas contra las otras fuerzas extranjeras que han avasallado a Nicaragua —traídas por nuevos vendepatrias—, ya sean soviéticas, rusas o chinas. Y con toda seguridad que con la misma indignación que rechazó el tratado canalero Chamorro-Bryan, rechazaría ahora el igualmente oprobioso tratado Wang Jing-Ortega contenido en el Acuerdo Marco y la Ley del Gran Canal.
Sandino no estaba en contra de que se construyera un Canal en Nicaragua, pero siempre y cuando fuese un proyecto latinoamericano y reservándose Nicaragua el principal derecho de propiedad. Lo que Sandino rechazaba era que el Canal fuese construido por Estados Unidos y, por lo consiguiente, por cualquier otra potencia imperial, para su propio provecho y a cambio de una miserable y vergonzosa compensación al gobierno de turno.
Quien sí estaba en contra de cualquier proyecto canalero era Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, porque sabía que la idea de Sandino era irrealizable y que el Canal solo se podría construir sacrificando la soberanía nacional y la integridad territorial de Nicaragua, y arriesgando la riqueza lacustre y en general hídrica del país. Lo cual ha quedado demostrado ahora, con la justificación que se hace de que para construir una obra tan grande como el Canal que supuestamente sacará a Nicaragua del atraso y la pobreza, es inevitable y necesario arriesgar la ecología nacional y entregar la integridad soberana de Nicaragua a la empresa china que preside Wang Jing.
De modo que a quien rendimos homenaje es al auténtico Sandino, no al falsificado por el orteguismo. Nos inspiramos en el mandato del Director Mártir de LA PRENSA, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, quien dijo que “independientemente de la utilización que se haya hecho de Sandino, él es un héroe al cual debe rendírsele tributo histórico, y agradecimiento, por reivindicar el nombre de Nicaragua y de los nicaragüenses ante la faz del mundo”.
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