Tres jóvenes integrantes de una barra brava de un equipo de fútbol, un nicaragüense entre ellos, fueron condenados a prisión por robo y agresión tras una trifulca ocurrida hace un año durante un partido de Primera División, en el Estadio Nacional de Costa Rica.
Los hechos ocurrieron durante un partido entre Liga Deportiva Alajuelense y Cartaginés, la tarde del domingo 16 de febrero del 2014. La trifulca provocó todo un debate nacional sobre la asistencia a los estadios de estos grupos de aficionados, lo cual ha alejado a las familias de los eventos deportivos.
Los tres son corresponsables del delito de robo agravado contra un aficionado de Cartago.
En una sentencia considerada ejemplar para el país por los recurrentes actos violentos entre barras de los equipos más grandes de Costa Rica, el Tribunal Penal de Pavas, al oeste de San José; condenó a los ticos Cristian Aburto y Bryan Quino a 7 y 3 años de prisión, respectivamente; y al nicaragüense José Sevilla Salgado a dos años. Los tres pertenecían a La 12, la barra brava de Alajuelense.
Solo Aburto descontará la condena en la cárcel. De momento estará con seis meses de prisión preventiva mientras la sentencia queda en firme. Estaba en libertad condicional bajo fianza pero tras la condena quedó detenido y enviado a prisión.
Quino y Sevilla, cumplirán condena en libertad condicional por tratarse de condenas de tres años o menos y no tener otros antecedentes penales. Los dos estaban cumpliendo un año de prisión preventiva y saldrán libres.
El presidente del Tribunal, el juez Álvaro Abarca, explicó como la agresión captada el video de un canal de televisión que transmitía el cotejo, tomado como prueba, demuestra “un indiscutible desprecio por los bienes ajenos y la integridad física de una persona que a todas luces evidentemente solo intentaba disfrutar de un momento de esparcimiento con su familia”.
“Y eso es lo que hacen muchas personas en este país que aman el deporte del fútbol. Se acercan a los estadios a pasar una tarde de domingo con la creencia y bajo la convicción y la confianza que no saldrán víctimas de ningún tipo de acto de violencia como este y mucho menos que serán despojados de sus bienes”, añadió.
El fiscal Luis Diego Hernández, quien había pedido diez años de cárcel contra los acusados, se mostró satisfecho con la condena, por haber demostrado, según él, que la trifulca no fue un problema típico de barras de fútbol, sino de organizaciones dedicadas a cometer delitos comunes.
“El estadio es un recinto donde la gente va a disfrutar de un espectáculo público y lo que menos espera es ser víctima de un delito con violencia (…). Un nuevo modus operandi y el peligro es que el hecho se comete aprovechando un espectáculo público donde puede haber una auditorio de hasta 10 mil personas”, dijo el fiscal.
“Las camisetas de los sospechosos eran personalizadas y no solo se aprecian en los vídeos, las portan cuando cometen el delito y son decomisadas en las residencias de cada uno”, añadió Hernández.
Durante la trifulca ocurrida en el emblemático Estadio Nacional de Costa Rica, la policía capturó a 54 aficionados sospechosos de vandalismo y robos, al parecer todos integrantes de La 12, pero luego fueron liberados porque inicialmente nadie interpuso denuncia ante los tribunales.
Luego las autoridades recibieron la denuncia del aficionado agredido, de 21 años de edad, e individualizaron a los responsables.
El nicaragüense condenado, hoy de 20 años, fue detenido días después del pleito en la comunidad López Mateo, al sur de San José. La familia del joven nicaragüense reconoció que el integraba La 12 desde hace unos dos años, pero que trabajaba como una persona normal y que su captura se debió, dijeron, por ser nicaragüense.
Los disturbios generaron todo un debate nacional, en la que aficionados, equipos, dirigentes deportivos, candidatos presidenciales y ministros de gobierno emitieron opiniones, al punto que la entonces mandataria Laura Chinchilla aprobó el reglamento que pertenece a la Ley para la Prevención y Sanción de la Violencia en Eventos Deportivos.