[doap_box title=»Los cuatro delitos» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]La detención de Leopoldo López ha desatado numerosas reacciones de organismos internacionales y de los gobiernos de Estados Unidos y Colombia, que han abogado por su liberación por considerarlo un preso político. El presidente Nicolás Maduro ha dicho que el arresto de López, al que llama el monstruo de Ramo Verde, es apegada a la justicia por considerarlo responsable de la muerte de 43 personas y las lesiones de 878 ocurridas en las protestas de 2014.
En abril, la Fiscalía General lo acusó de los delitos de incendio, instigación pública, daños a la propiedad pública y asociación para delinquir.[/doap_box]
En una fría y húmeda celda de dos metros de largo por dos metros ancho, cerrada con una portentosa puerta de acero que solo permite visualizar el exterior por una pequeña rendija a la altura de los ojos, el dirigente opositor Leopoldo López cumplió ayer un año de reclusión en la cárcel militar de Ramo Verde.
Su detención fue tal vez el momento más cinematográfico de la oposición: López fue filmado y fotografiado mientras le daba un beso de despedida a su esposa, Lilian Tintori, antes de ser arrestado en medio de una multitud de seguidores.
El dirigente opositor, de 43 años, pasó casi 12 meses recluido en una celda con unas dimensiones de más del doble de la que tiene.
La madrugada del 13 de febrero fue trasladado en castigo a otro calabozo más pequeño del segundo piso del anexo B del penal, tras una requisa que hicieron en su celda más de dos docenas de hombres armados, con los rostros cubiertos con pasamontañas, pertenecientes al servicio de Contrainteligencia militar, según el abogado del opositor, Juan Carlos Gutiérrez, quien lo visitó el fin de semana en el penal.
A López le incautaron un ipod y un teléfono celular, prohibido en las prisiones, y se presume que esa es la razón del castigo que implicó, además, la suspensión de las visitas de sus familiares por varias semanas.
DESTRUCCIÓN
Ramo Verde es la excepción de un sistema carcelario de más de veinte penales donde hay corrupción, tráfico de drogas y armas, y graves dificultades derivadas por un desbordado hacinamiento, lo que hace de esta cárcel una de las más privilegiadas por su limitada población.
En la antigua celda de López quedaron decenas de papeles, fotografías familiares e imágenes religiosas regadas en el piso, 80 libros, y afiches quemados y destruidos de líderes mundiales como Nelson Mandela, Gandhi y el papa Francisco, que decoraban la parte interior de la puerta de acero, abierta con un soplete en la requisa, según Gutiérrez.
Yo nunca había tenido la oportunidad de conocer el infierno, y lo conocí, dijo Salvatore Lucchese, un ex jefe policial, al resumir los diez meses y medio que pasó en una celda vecina a la de López, por desacato a una medida judicial que ordenó el levantamiento de unas barricadas en una protesta en el municipio de San Diego. Salió el cuatro de febrero junto con el ex alcalde opositor Enzo Scarano, después de cumplir la condena.
Describe que la madrugada del 20 de marzo llegó a una oscura y sucia celda que, según él, estaba repleta de cucarachas y ratas, y donde sólo había una colchoneta infestada de cucarachas.
Dijo que por tres meses y medio él, López, Scarano y el también exalcalde opositor Daniel Ceballos, fueron aislados en sus celdas de la que sólo eran sacados por separado una hora al día para recibir el sol.
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