En los años ochenta del siglo pasado, el gobierno del FSLN insertó a Nicaragua en el conflicto Este-Oeste que mantenía a la humanidad al borde del abismo.
Aquel conflicto, que fue llamado Guerra Fría, terminó hace 25 años con la caída del Muro de Berlín y el derrumbe de la Unión Soviética. Pero hasta hoy Nicaragua sigue sufriendo las consecuencias del involucramiento en el conflicto de las dos súper potencias, a lado del bloque soviético, que fue la causa principal de la guerra civil de los años ochenta.
Se creía que una situación como aquella de la Guerra Fría del siglo pasado no se podría repetir jamás. Pero se está repitiendo, en otras condiciones y con distintas modalidades, capitaneada por una Rusia que si bien ya no es soviética ni comunista, bajo el liderazgo de Vladímir Putin ha restaurado sus sueños de grandeza y está recuperando antiguas zonas de dominación y de influencia que perdió tras el colapso de la URSS.
En realidad, son propios de la Guerra Fría los conflictos expansionistas provocados por Rusia en el Cáucaso, en 2008; la anexión violenta de Crimea, el año pasado; la pretensión de despojar a Ucrania también de sus provincias orientales; la amenaza contra los países del Este europeo, vecinos de Rusia, que fueron parte o satélites de la URSS; y la renovada penetración rusa en el hemisferio occidental. Y en este contexto, Daniel Ortega y el FSLN se empeñan en insertar a Nicaragua en la nueva Guerra Fría omitiendo y despreciando las lecciones de la historia.
Hace unos días, un alto jefe militar reveló que Nicaragua va a adquirir naves aéreas rusas de combate MIG 29, que cuestan precisamente 29 millones de dólares cada una, supuestamente para interceptar aviones que transportan droga sobre las aguas del Caribe nicaragüense.
Antes, altos funcionarios civiles y militares de Rusia anunciaron su propósito de instalar una base militar en Nicaragua, o centros de apoyo a las naves de guerra rusas aéreas y marítimas que incursionen en esta parte del planeta. Y hace algunos días, el ministro de Defensa de Rusia, general Sergéi Shoigu, durante su visita a Managua declaró que había firmado con las autoridades orteguistas un acuerdo “para establecer un procedimiento simplificado para que los buques de la armada rusa puedan entrar en los puertos de Nicaragua”.
Por otra parte, pero en el mismo sentido, LA PRENSA destacó en su edición de ayer una información del periódico ruso Pravda, según la cual Putin ha advertido que “no permitirá que Occidente consiga superioridad militar sobre Rusia”. Y menciona la información que el Canal de Nicaragua permitirá a la flota rusa pasar del Océano Pacífico al Atlántico y así “Rusia será capaz de garantizar la llamada disuasión nuclear, debido a que la armada rusa tiene misiles crucero de largo alcance”.
Así anda la trama de la Guerra Fría del siglo XXI y el involucramiento en ella de Nicaragua. Hasta ahora, Estados Unidos le ha plantado cara al expansionismo ruso solo en Ucrania y guarda silencio sobre las andanzas de Vladímir Putin en el Caribe. Pero esa situación podría cambiar en cualquier momento y sin duda que Nicaragua resultaría peligrosamente perjudicada, por meterse otra vez en un eje de conflicto de grandes potencias debido a la insensatez y el aventurerismo de sus gobernantes.