Siento respeto por cada bateador que llega a los mil hits, pero confieso que hace rato dejó de emocionarme. Lo aprecio como un logro personal importante, pero en términos históricos creo que ha dejado de impactar.
El problema, creo, es que los mil hits son vistos como un punto de llegada, en vez de un punto de partida. Deberían ser el peldaño que te impulse hacia la grandeza y no el culmen de una carrera.
En las Grandes Ligas, 276 bateadores han superado la barrera de los dos mil hits, pero es a 28, quienes han saltado sobre la frontera de los 3,000 a los que se admira. No estoy comparando, solo establezco una referencia.
En nuestro país, tenemos a 50 bateadores de mil hits en la Primera División, pero solo a nueve de 1,500. A ellos espera agregarse el próximo domingo Edgard López, el infielder del Frente Sur.
Y siempre me he preguntado, ¿algún día tendremos un bateador de dos mil hits en nuestro beisbol? Seguro que sí, pero quizá habrá que esperar un buen tiempo. Mi candidato es Jilton Calderón, el zurdo de 26 años de los Cafeteros de Carazo.
Jilton coleccionó 640 hits en sus primeras nueve campañas, en siete de las cuales ha bateado sobre .300. Es un bateador en pleno desarrollo y tiene la ventaja que no sale a jugar fuera del país, que es sano y cada vez luce más fino.
En un tiempo pensé que Nemesio Porras, Henry Roa o Aníbal Vega llegarían a los dos mil hits. De hecho son los que más rápido llegaron a los mil, pero además de la edad, las lesiones se lo impidieron.
Un candidato natural es Jimmy González, el mejor bateador de esta época, pero juega fuera y eso resta chances. Ahora, si a Jimmy, si se le suman 1,165 hits en Primera División, 371 en las Menores y más de 600 en la Profesional, tiene más de 2,100.
Pero no se trata de eso. Es lograrlos en la Primera División y ahí el líder es Próspero González con 1,872.
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