[doap_box title=»» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]200 comerciantes aproximadamente venden sus productos por la madrugada en el mercado de Masaya, además hay quienes ofrecen servicios de acarreo en esa movida zona.[/doap_box][doap_box title=»Mejores condiciones» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]Algunos mercantes coincidieron en que la municipalidad de Masaya debería acondicionar la terminal de buses para que en horas de la madrugada haya mejores condiciones para realizar esta labor de vender al por mayor, porque en las calles aledañas hay muchas dificultades.
“Este tipo de comercio ha venido incrementando porque hasta camiones de otros departamentos vienen a esta hora bien cargados de frutas a ofrecer, pero tienen que llevar o descargar mercadería a varias cuadras de aquí y eso es más gasto”, dijo una de las comerciantes.[/doap_box]
Son las 2:00 de la madrugada. La gente pareciera que estuviera en plena luz del día, los pregones, los regateos y la señora que vende tibio con leche son parte del ambiente que se vive durante estas horas en las calles aledañas ubicadas al este del Mercado Municipal Ernesto Fernández de Masaya.
Mientras la capital del folclor duerme, en la zona cerca de este populoso mercado todo es ajetreo. Paralelo a la venta de perecederos al por mayor también se ofrecen canastos nuevos y vacíos.

LA PRENSA/ N. GALLEGOS
Luego estos productos que son ofrecidos a bajos precios al por mayor son vendidos por unidad una vez que el sol se va asomando.
Felícito Dávila, comerciante de la comarca Las Flores, dice que a diario tiene que levantarse de madrugada para ofrecer las papayas, que están acomodadas en un canasto y cuyos precios por docena oscilan entre 150 y 400 córdobas al por mayor.
“Estas frutas las maduramos al natural, hermano. No le echamos químicos, sin carburo, ni nada. Estas son producidas en el sector de Tisma. Esperamos que las ventas se nos mejoren. Te digo que por la difícil situación que vivimos en el país a veces la gente dice: ‘qué ricas se ven las papayas, pero no hay dinero’, entonces hay que hacer el esfuerzo por vender”, dijo el comerciante.
Mientras el pito de los pocos buses que llegan a esa hora suena escandalosamente, el tiempo avanza, las calles van quedando vacías poco a poco, a la vez que la basura va quedando esparcida en la vía.
Ver en la versión impresa las páginas: 9 A