La explicación oficial de que los aviones de guerra MiG-29 que el gobierno de Daniel Ortega comprará a Rusia son para interceptar aviones del narcotráfico que vuelan sobre aguas del Caribe nicaragüense, no es convincente.
Se conoce que cada MiG-29, al que ahora también le llaman Mikoyán, cuesta unos 29 millones de dólares. Son demasiado caros y además innecesarios para Nicaragua, cuyo presupuesto es muy pequeño y su asignación militar notoriamente exigua, al menos en las cifras que se dan a conocer oficialmente.
La información de que se está gestionando la compra de aviones de guerra rusos fue dada a conocer el pasado 10 de febrero por el inspector del Ejército, general de brigada Adolfo Zepeda, el mismo que trató de justificar la presencia de la bandera del FSLN en actos militares diciendo que es “un símbolo oficial del Gobierno”. Según el general Zepeda, la adquisición de esas costosas máquinas rusas de guerra es para combatir el narcotráfico en el espacio aéreo nicaragüense, principalmente sobre el nuevo territorio marítimo en el Caribe que por sentencia del tribunal de La Haya pertenece ahora a Nicaragua.
Sin embargo, el mayor ex EPS, Roberto Samcam —experto en asuntos militares y lucha contra el narcotráfico internacional— ha observado en su blog que si los aviones MiG-29 fuesen para eso, sería mucho menos oneroso para Nicaragua usar los misiles SAM 7 y darles un uso efectivo, en vez de que envejezcan en las bodegas del Ejército.
Además, si el narcotráfico internacional no es un problema de Nicaragua sino de Estados Unidos, como se ha dicho oficialmente tantas veces, ¿por qué tendría el Gobierno que gastar tanto dinero en unos costosos aviones de guerra que, en todo caso, si en verdad fuesen necesarios para combatir a los narcotraficantes deberían ser facilitados gratuitamente por el gobierno estadounidense?
Todos los países que poseen esos sofisticados aviones rusos de combate los han adquirido con propósitos de guerra, inclusive Cuba y Perú que al parecer son los únicos estados latinoamericanos que tienen los MiG-29. Cabe recordar que fueron aviones de guerra de este tipo (un MiG-23 y un MiG-29) los que usó la Fuerza Aérea de Cuba el 24 de febrero de 1996, para derribar dos avionetas Cessna civiles que utilizaba la organización de exiliados cubanos Hermanos al Rescate, para auxiliar a balseros perdidos en alta mar escapando de la isla comunista. En aquella ocasión, los cuatro tripulantes de las avionetas murieron y las autoridades cubanas calificaron el hecho como una acción de guerra, para justificar el uso de los poderosos y mortíferos aviones de combate rusos contra las pequeñas e indefensas avionetas de uso particular.
Según la información disponible en Wikipedia, los MiG-29 están equipados con un cañón y treinta proyectiles de 30 milímetros y además pueden cargar 3,500 kilos de bombas, cohetes y misiles de distinto tipo y alcance. De manera que la compra de los MiG-29 a Rusia no parece que sea simplemente para interceptar aviones cargados con droga. Y es muy difícil creer que el enorme gasto que significará su adquisición, será porque Ortega quiere ayudar al Gobierno de Estados Unidos a resolver su grave problema con el tráfico y consumo de drogas.