Antes era un potrero refugio de delincuentes donde descansan los difuntos de la localidad, pero una nueva directiva que se encarga de la administración de este campo santo se propuso una misión en ese momento casi imposible, una nueva imagen para el cementerio norte de San Carlos, en Masaya.
La jornada es ardua y el sudor corre sobre todo el cuerpo de don Julio Guido, quien se incorpora y deja por minutos su afanoso trabajo de limpieza con filoso machete en mano, para atendernos.
Don Julio comenta que desde hace más de un año lo eligieron como presidente de la junta directiva de este campo santo para iniciar una labor que hace años sería casi una misión imposible: erradicar la delincuencia que hacía de las suyas, a la vez darle una nueva imagen a este histórico cementerio, que fue fundado hace décadas.
Muchas personas llegan a este cementerio de forma más seguida y aseguran sentirse más seguras del lugar, que se ve despejado de monte, mientras unas sombras se movilizan a ratos, son los encargados del mantenimiento al lugar.
“Prestamos un servicio de limpieza y mantenimiento. Hemos venido ahuyentando a las personas que venían a practicar actos inmorales”, dijo don Julio.
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