Francisco de Asís Fernández, presenta una serie de sus poemas inéditos, que dialogan entre sí, sobre las ausencias, el milagro de vivir, los conflictos entre amor y deseo, el génesis de la creación, ese amor en el paraíso “el silencio y la soledad, el hombre y la serpiente”. Poemas que son su bitácora de vida o esa “Canción de los sueños” que todos aspiramos.
Nació un 3 de mayo de 1945 en Granada, Nicaragua. Ha realizado estudios de teatro en la Universidad Central de Madrid y en el Teatro de Madrid, (TEM), España, (1964-1967) y Cursos de literatura y teatro en San Juan de Puerto Rico.
Su poesía ha sido publicada en revistas, antologías y suplementos en diferentes países de América Latina, Estados Unidos y Europa, y ha sido traducido a varios idiomas.
Ha recibido varios reconocimientos nacionales e internacionales, entre ellos el más reciente: la Cruz de la Orden del Mérito Civil otorgado en ese momento por el rey Juan Carlos I, y el Gobierno de España.
Actualmente es el presidente del Festival Internacional de Poesía de Granada.
A donde quiera que el mar me lleve
Francisco de Asís Fernández
“A donde quiera que el mar me lleve” —dijo—
Y le prendió fuego a su casa, y se fue.
Carmen desapareció una noche en medio del fuego
y se llevó su perfume para siempre.
Se fue la cimarrona salvaje, erótica y feroz,
huyó como una maromera
para esconder la muerte de sus amores,
se fue saltando montañas, ríos, desiertos,
se fue montada en los lagartos, en los unicornios,
en las águilas y mariposas
que cambian el orden del universo y curan mitos
y rasguños.
Carmen abría y cerraba el infierno
con el carbón y la selva noche bruñida de su pelo,
y se comía a sus hombres
o los transformaba en animales ciegos
que volaban formando constelaciones.
Crónica de principios del mundo
Francisco de Asís Fernández
Hace muchos años existía una ciudad junto al mar
donde todas las almas de las mujeres tenían
una ventana en el pecho
para que se viera el azul de sus pensamientos
y cómo se enamoraban aullándole a la Luna.
Su pelo tenía un aroma infantil.
Hacían el amor bajo las estrellas,
sacaban los ojos de sus amantes como botones de rosas
y a los enemigos los desollaban vivos.
Eran unas perras salvajes
que miraban el mundo desde un rincón
y luchaban por el cielo
con una horda de ángeles.
La canción de los sueños
Francisco de Asís Fernández
En la canción de los sueños
la mujer cree que la vida se hizo para ella
y que la tierra dejo de moverse
para que ella creara el infierno,
que vinieron las lluvias con millones de aves
y un gallo verde
para que ellas cantaran a los malos espíritus,
y dice que cuando las mujeres mueren con los ojos abiertos
sufren las llamas que le dieron al hombre que amaron,
pero que con el gallo verde la hierba se pone crecida
y nos volvemos a enamorar,
que en el naufragio desmesurado de la vida
siempre se cruza un pura sangre
con una yegua salvaje.
Mi corazón fue un tahúr peligros
Francisco de Asís Fernández
Un gorrión se comió mi pobre corazón muerto
y comenzó a agitar sus alas
desesperado como un náufrago
para que yo volviera a la vida.
Mi alma, descalza y mojada por la lluvia,
sintió que se le borraban mis pecados
y que se le caía el óxido moral
con la pintura de carro viejo.
Mi corazón fue un tahúr peligroso
que lo arriesgaba todo,
un aventurero que se tomó la fiebre del oro
y Gomorra hasta caer,
un jugador que apostaba la ropa hasta quitársela,
un enfermo de amores imposibles
de ciudades sitiadas, incendiadas, saqueadas,
de boccato di cardinali.
Mi corazón fue un mártir empedernido
que murió como tenía que morir:
en el pico de un gorrión romántico
que necesita mucho amor para vivir.
Del espejo del profundo azul
Francisco de Asís Fernández
Las mujeres y los hombres en el Paraíso
vivían del asombro y de la belleza del mundo.
Cuando estaban tristes perseguían mariposas
para ver el milagro del desprendimiento de las estrellas.
Fueron testigo de cómo el mar se puso debajo del cielo
como un espejo del profundo azul,
y vieron que todo sucedía así en el mar como en el cielo
y cómo los Ángeles dejaron de ser transparentes
y se convirtieron en peces con los colores del arco iris.
Aquí nacieron los árboles frutales, las flores, los animales
el silencio y la soledad, el hombre y la serpiente.
Un aire milagroso
Francisco de Asís Fernández
Necesito un aire milagroso
para vivir en la niebla del bosque brumoso.
Y una luna luminosa que le cambie el color a las cosas,
a los árboles, a la gente,
a la espesura de los árboles grabados con nombres
que la noche reconoce
como conoce la infidelidad de Eva
o el crimen de Caín.
Ese brumoso bosque que persigo,
esas voces animales y vientos empujados por el batir de alas
de aves y peces inmensos que estuvieron conmigo en el paraíso.
La luna es una gran rosa blanca esconde
mas de lo que deja entrever en la sombra
y cuando sus pétalos empiezan a agitarse alza el vuelo
hasta ponerse en el cielo.
Y desde el cielo bajan los pájaros gigantes a engullirse a las serpientes
que tanto daño hicieron en el principio del mundo.
Los poetas ciegos tenemos una luna blanca
que predice el amor y el deseo
cuando nos devora el coraz
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