“Manos de Piedra” no para de hablar. Desde que llegó al país agitó su quijada como un adiestramiento para un campeonato mundial de mandíbulas. El ídolo panameño viste de negro estilo juvenil. Su mente no ha variado a la del muchacho en los escenarios cinco estrellas, solo que ahora se da cuenta de que el dinero que sostuvo en sus manos se ha diluido por los casinos y vida exigente que posee, nada del cacho de pan de niño, sino con el caviar de adulto, diría Ernesto Cherquis Bialo.
Roberto Carlos Durán Samaniego es un boxeador profesional panameño retirado (apodado “Manos de Piedra” o “El Cholo”) nacido el 16 de junio de 1951.
Durán poseía una gran pegada, siendo su recto largo de derecha por encima del hombro izquierdo del rival su golpe por excelencia y además de esto era especialista golpeando en los costados.
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Roberto Durán ha perdido peso desde el 2009, cuando vino al país por última vez. Tiene las canas pintadas en negro y una elocuencia de comediante de primer nivel. Durán aprecia el boxeo clásico del cual perteneció. “Ahora cualquiera es campeón. Antes había más competencia y era más complicado lograr un título, había que ganarle a los diez peleadores del ranking para tener una oportunidad”, indicó el panameño.
“Manos de Piedra” ya no cierra los ojos por el flash, ni calla frente a las grabadoras. Es un hombre predeterminado a la polémica, pero no le importa lo que digan de él. “Tengo un restaurante y canto ahí porque me gusta la música, aunque la gente se pelea de seguro cuando estoy con el micrófono, porque no soy el mejor y no me gustaría hacer dúo con nadie”, relató Durán.
La incógnita en el paredón de las comparaciones es medirlo con Julio César Chávez, pero este hombre, quien aún seguiría boxeando si no tuviera ocho costillas rotas después de un accidente, no se compara con nadie, según cuenta. “Yo soy el latino más grande, después de mí pueden poner a todos los demás”.
En la actualidad no existe un solo peleador que distraiga sus emociones, como lo hizo su ídolo, el excampeón mundial canalero Ismael Laguna. “Nadie en la actualidad me gusta, casi no miro boxeo solo canto en mi restaurante La Tasca de Durán”.
El hombre sincero y sin miedo a poner sus opiniones críticas en la burbuja mediática se toca las bolsas y dice que no le quedó nada de plata, pero sus cuerdas vocales lucen recién afinadas. Él sigue hablando y la gente riendo.
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