La adicción de una década al petróleo subsidiado de Venezuela podría estar llegando a su fin para varios países del Caribe, con un empujoncito de Estados Unidos.
El temor de que la caída en los precios del crudo pueda trastocar la ya endeble economía petrolera de Venezuela ha generado un evidente interés en la búsqueda de alternativas a Petrocaribe, un programa comercial creado por el fallecido presidente Hugo Chávez, el cual ha hecho que la región dependa de la nación sudamericana para el suministro de energéticos.
La evidencia de ese interés se hará visible mañana lunes, cuando los líderes de las naciones caribeñas converjan en Washington para la primera Cumbre de Seguridad Energética del Caribe, cuyo anfitrión será el vicepresidente estadounidense Joe Biden.
El evento ha estado preparándose desde hace meses, pero con la reciente caída del petróleo a menos de 50 dólares por barril, ha surgido una sensación de urgencia dada la situación de Venezuela, cada vez más precaria.
“La situación económica de Venezuela se ha deteriorado y por ello ha aumentado el riesgo para todas estas naciones”, dijo David Goldwyn, un consultor de energía y exenviado especial del Departamento de Estado norteamericano que ha estado involucrado en la organización de la cumbre.
Se prevé que todos los países de la región, excepto Cuba, participen en las negociaciones a puerta cerrada con Biden y otros funcionarios de Estados Unidos, así como con representantes de la Unión Europea, la ONU y agencias crediticias internacionales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.
La meta será explorar vías para ayudar a las naciones caribeñas a convertir plantas termoeléctricas para que usen gas natural e incrementar el uso de otras fuentes alternativas de energía. Tales medidas podrían reducir la dependencia casi total de esos países del petróleo, lo que ha encarecido la energía para la región y que creó la apertura hacia Venezuela en primer lugar.
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