Silmalila estudió Derecho, pero terminó trabajando primero en televisión y ahora como gerente de Mercadeo. Tiene dos años de casada y se confiesa totalmente enamorada. Es una joven muy optimista, quien no se puede resistir a unas buenas tajadas con queso y a los zapatos.
¿Qué significado tiene tu nombre?
De hecho mi nombre está mal escrito, debería ser “Slilmalila”, que en miskito significa “estrella del amanecer”.
¿Qué es lo primero que hacés al levantarte?
Tomar dos vasos de agua y hacer mi sesión de yoga. Sin eso no existo.
¿Cómo dirías que fue tu infancia?
Preciosa. Mis padres fueron muy alcahuetes (ríe).
¿Cuál es tu mayor tentación?
Las tajadas con queso y los zapatos, tengo como cincuenta pares (carcajada).
Definite en una palabra…
En dos: comunicativa y sentimental.
Algo que no le has contado a nadie…
No te lo contaría a vos… (carcajada).
¿Tenés apodos?
Un montón. De niña me levantaba un día y decía que me iba a llamar “perro de oro”. Luego me puse “pollo” y hasta hoy me dicen así (sonríe).
¿Algún fracaso?
Ninguno que me haya marcado horriblemente.
¿Cómo sos cuando te enojás?
Horrible. Enojada no razono.
Un sueño recurrente…
No me acuerdo de los sueños…
Lo más raro que has comido…
Cocodrilo y anguila. Saben a pollo (sonríe).
Dos virtudes y dos defectos…
Optimista, organizada. Y procastinadora, olvidadiza.
¿Tu más grande locura?
Enamorarme de un extranjero. Es una locura de todos los días (ríe).
¿Qué serías en otra vida?
Cualquier cosa que pueda volar.
¿Qué te falta por hacer?
Mi maestría y ser mamá.
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