Más que de la poesía, Rubén Darío vivió del periodismo; que también logró innovar con una crónica y prosa modernista; paralela a su cultura, a su pensamiento y a su filosofía de vida. Un ejemplo de su ejercicio periodístico es la relación que mantuvo con La Nación, de Buenos aires.
Oficio que valoró mucho, pues expresó: “El periodista que escribe con amor lo que escribe, no es sino un escritor como otro cualquiera. Solamente merecen la indiferencia y el olvido aquel que, premeditadamente, se propone escribir para el instante, palabras sin lastre e ideas sin sangre”.
[doap_box title=»Fue redactor a los 18 años» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]“A los 18 años de edad —continúa— fue redactor de diarios de Nicaragua, como en El Porvenir, del gran mecenas Enrique Gottel, inmigrante alemán que nos dio ejemplo de libertad de expresión, publicando artículos aun en su contra, no sorprende pues que Darío haya tenido elogiosas palabras para Gottel y también para su heredero en El Porvenir, Fabio Carnevallini, otro gran periodista, pues Gottel murió en 1885.
Finalmente nos dice que Rubén, de 19 años, colaboró en La Tribuna, en Managua, en 1886, allí fue que Darío escribió Cantinela donde dice que la poesía no desaparecerá mientras existan mujeres como Celia Elizondo, “que derraman la simpatía”. Eso le provocó el ataque del más grande gramático de la época, el granadino Enrique Guzmán, a quien Rubén contestó gallarda, pero cortésmente que él estaba en lo correcto.[/doap_box][doap_box title=»En Granada» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]Otra ponencia interesante por la información que nos presenta es la de Rubén Darío, periodista, por Eddy Kühl, que destaca que: “Rubén se inició a los 14 años como redactor en León en El Ensayo, de Francisco Castro; a los 15 años fue invitado en El Salvador a colaborar como periodista en el diario La Unión por el mismo presidente y luego escribió en El Diario Nicaragüense, en Granada.[/doap_box]
Muchos de sus libros tuvieron como cuna el diario La Nación, que hablaban de sus sensaciones artísticas y literarias de Europa, especialmente de París, sus viajes por el mundo y especialmente la consolidación de su magisterio modernista.
Así fue como en 1898 viajó como corresponsal de este diario a Madrid, ante la situación espiritual en que estaba sumergida España ante la derrota contra los Estados Unidos y la pérdida de Cuba, Puerto Rico y las islas de la Filipinas.
“Cabe observar —afirma Carlos Tünnermann— que Rubén Darío elevó la calidad y profundidad de la crónica y del reportaje periodístico y cumplió esta misión con gran profesionalismo. Sus correspondencias sobre la situación de España fueron verdaderos ensayos, cuidadosamente preparados y documentados, sobre los más variados aspectos de la vida española de fin de siglo”.
LA CRÍTICA TEATRAL
Rubén Darío escribió crítica teatral; basta citar los diez artículos de teatro publicados en el diario La Época, de Santiago de Chile, en 1886, a propósito de la presentación de la gran actriz Sarah Bernhardt, quien se caracterizaba por hacer una interpretación natural y emotiva y no declamar los parlamentos, que era muy de moda por los actores.
En aquel entonces, en 1886, se encontraba de gira por América Latina y fue recibida en Santiago con banda musical, además de una apoteósica bienvenida para la gran actriz, cuyas principales obras de su repertorio era La dama de las camelias, Fedra y La esfinge. Darío no solo escribe los diez artículos a la actriz, escribiendo una nueva prosa periodística, sino también le escribe un poema titulado Sarah.
“Por esa importancia relevante de la prosa periodística de Rubén Darío, —dice María Manuela Sacasa de Prego— es que este año el XIII simposio internacional lleva el título de Rubén Darío, periodista vital y vitalicio. Cada simposio es un homenaje al poeta universal, en esta ocasión lo estudiamos como periodista; que fue en él oficio y vocación. Pero que estoy segura que el poeta y el periodista crecieron paralelamente en su vida. En Nicaragua colaboró muy joven en diarios como El Nicaragüense y La Tribuna; a nivel internacional en el Mercurio, de Chile; La Nación, de Argentina; para citar algunos”, explica.
También dice: “Aprovecho para decirte que me siento satisfecha de haber creado, no para mí, sino para Darío el Instituto Cultural Rubén Darío, desde donde estoy promoviendo las academias literarias con los colegios de León y los trece simposios que con este he realizado con el apoyo valioso de aquellos que aman a Darío”.
El tema de la lección inaugural es “Los ojos del artista: Rubén Darío y el arte de la crónica”, por Rodrigo Caresani, de la universidad de Buenos Aires. La lección inaugural presenta un recorrido por las estrategias que la prosa periodística de Rubén Darío pone en funcionamiento al enfrentar los vertiginosos flujos de las ciudades modernas.
Sobre la importancia de este tema, Rodrigo Caresani destaca: “A pesar de la relevancia de esta “dominante”, su impacto no ha sido valorado suficientemente en las abundantes lecturas críticas del modernismo. Proponemos entonces recuperar la complejidad de esos “ojos del cronista”, deslumbrados por el aura de los monumentos, pero atentos también a sus fisuras, a ese instante en que el lujo y la novedad revelan su faceta de fantasmagoría. Para articular esta hipótesis, nuestra lectura reflexiona sobre tres etapas decisivas de la errancia dariana, analizando sus crónicas chilenas, argentinas y europeas.

LA PRENSA/ARCHIVO
Otra ponencia que teje a Darío con su trabajo periodístico en este XIII Simposio Internacional es la de Hugo Espinoza Rubio, de la Universidad de México (UNAM), con el título: Rubén Darío: el literato y su mérito periodístico. Para el poeta, nos dice Espinoza Rubio: “El ejercicio periodístico, en opinión de Darío, era una gimnasia del pensamiento que fortalece”, y continúa: “Pero en el caso específico del trabajo informativo de Darío para la prensa, sería más bien un ejemplo de práctica anímica y escritural que no solo nutrió en su momento a los lectores de su época, sino que fungió muy bien como un ‘puente de palabras’ para el siglo que nos ha tocado vivir y es, también, un ejercicio no solo para el pensamiento, sino también para el alma vital y trascendente que fue, es y será Rubén Darío”.
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