Fernando Torres disfrutó de su noche soñada en el estadio Santiago Bernabéu, donde con su doblete dejó una reivindicación personal que fulminó al vigente campeón de Copa del Rey (2-2), un Real Madrid que buscó con fe la remontada en un derbi trepidante que extiende el reciente dominio rojiblanco.
El conjunto de Luis Enrique, repleto de jugadores poco habituales, ofreció una buena imagen ante un rival entregado, sobre todo en la primera parte, en la que dio todo tipo de facilidades a su rival.
Rafinha, Sergi Roberto y, sobre todo, Adama, despedido por el público ilicitano con aplausos tras su sustitución.[/doap_box]
Nacía un derbi magnífico con aire de remontada en el Bernabéu de la manera más inesperada. Cuando el Real Madrid salía en tromba en busca de goles para recortar con rapidez la distancia de dos tantos de la ida, apareció al que muchos faltaron el respeto cuando era hora de volver a casa.
Fernando Torres dejó su sello con sus primeros goles oficiales de rojiblanco en casa del eterno enemigo. Transcurrían 51 segundos cuando colocó en la escuadra su zurdazo de primeras, tras ver cómo Griezmann encontraba una autopista porque Pepe midió mal. Su asistencia no pudo ser mejor rematada por el Niño.
Cambio de guion pero no de plan de ejecución. El Real Madrid fue un vendaval y el Atlético reculó tantos metros que, por momentos, se olvidó de competir. Jugó con fuego porque hay escenarios donde todo es posible y repitió la primera mitad de dudas del Camp Nou.
El escenario quedó para una remontada histórica. Ahora sí se podía acudir a viejas leyendas que han dado forma a la historia del Real Madrid. El Atlético obtuvo el botín y se limitó a contener. Encerrado, sin posibilidad de armar futbol por la distancia abismal al área rival. Cualquier intento de carrera era un acto de fe.
Simeone sabía que habría momento de dar un paso al frente en el segundo acto, cuando la intensidad del rival bajase un escalón.
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