
LA PRENSA/EFE/EPA/ETIENNE LAURENT
«Francia no ha terminado con las amenazas». François Hollande, presidente francés, el viernes en un discurso a la nación.
Unas 700,000 personas invadieron ayer las calles de Francia para rendir homenaje a las 17 víctimas de los ataques yihadistas de esta semana: el ataque al semanario Charlie Hebdo, que dejó 12 muertos, el miércoles, el asesinato de una mujer policía el jueves y el secuestro de una tienda de comida kósher el viernes, donde murieron cuatro rehenes.
5,500 policías y soldados desplegará el gobierno de Francia, en el marco del plan antiterrorista Vigipirate, de cara a la “marcha republicana” de hoy, en la que se espera la participación de un millón de personas.
150 agentes vestidos de civil protegerán a las personalidades extranjeras, apoyados por 56 equipos motociclistas de la Policía, o 24 unidades de fuerzas móviles y francotiradores apostados en los tejados, precisó el ministro del Interior, Bernard Cazeneuve.
Junto con el presidente Francois Hollande, asistirán la jefa del gobierno alemán, Angela Merkel; el italiano Matteo Renzi, el español Mariano Rajoy y el británico David Cameron. Además, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, entre otros líderes.
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La marcha se realizó a la víspera de una histórica manifestación en París, hoy, donde participarán decenas de líderes mundiales bajo un imponente dispositivo de seguridad. Las manifestaciones transcurrieron en un contexto de vigilancia extrema, máxime cuando Francia mantuvo su nivel de alerta máximo, y de refuerzo de la seguridad en vísperas de la manifestación masiva.
El viernes, un responsable de Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA), a la cual pertenecían los hermanos Said y Chérif Kouachi, quienes realizaron el ataque al semanario satírico, amenazó en un vídeo a Francia con nuevos ataques.
EL ROL DE LAS ESPOSAS
El balance de los atentados no tiene precedentes en los últimos 50 años y abre interrogantes sobre los dispositivos de seguridad, en un contexto de fuerte crisis de identidad respecto al lugar del islam y la inmigración.
Hay un fallo, es evidente. Cuando hay 17 muertos, es que se han producido fallos, reconoció el primer ministro francés Manuel Valls, quien recordó que cientos de individuos parten hacia Siria o Irak donde reciben formación terrorista.
Otra de las interrogantes abiertas es el papel jugado por las esposas de los yihadistas. Los investigadores siguen el rastro de la esposa de Amedy Coulibaly, Hayat Boumeddiene, para intentar determinar el rol que pudo jugar en el asesinato de la policía y en el secuestro de la tienda de comida judía.
Fuentes policiales indicaron ayer que Boumeddiene, de 26 años, había viajado a Turquía a principios de enero, antes de los ataques. Una fuente de seguridad turca indicó poco después que la joven, quien llegó a este país el 2 de enero, se encuentra probablemente en Siria.
De pelo negro largo y rostro infantil, es muy religiosa y viste el nicab velo negro que solo le deja los ojos al descubierto, lo que la obligó a renunciar a un empleo de cajera, según la prensa francesa. Según la Fiscalía, la mujer de Chérif, Izzana Hamyd, hizo más de 500 llamadas telefónicas en 2014 a Hayat. Hamyd, detenida el miércoles, fue puesta en libertad ayer.
Coulibaly, cuyos padres eran de origen malí, justificó su acción ante sus rehenes por la intervención militar francesa en Malí y los bombardeos occidentales en Siria, según una conversación grabada por la radio francesa RTL. Ayer, en un comunicado, su madre y hermanas condenaron los atentados y presentaron su más sentido pésame a las familias de las víctimas.
Por su parte, los hermanos Kouachi, franceses de origen argelino, quienes murieron en un asalto de las fuerzas de seguridad el viernes, estaban desde hace años en la lista negra estadounidense del terrorismo.
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