María Antonia Alvarado ayer reunió sus escasas pertenencias y se montó junto con sus cuatro hijos a un camión de la Defensa Civil para ser llevada a Ciudad Belén, lugar donde le entregarían una de las viviendas que han construido el Gobierno central y la Alcaldía de Managua para las familias que vivían en puntos críticos.
Ella llegó hace casi tres meses al albergue Padre Fabretto después que un muro perimetral de un residencial mató a nueve personas al aplastarlas en una noche lluviosa. Esa tragedia que ocurrió el 16 de octubre del año pasado en la capital estimuló a las autoridades de la comuna a evacuar a todas las familias que moraban cerca y que también estaban en peligro.
En este refugio hasta ayer estaban 43 núcleos familiares, que fueron sacados del 18 de Mayo, 19 familias más del barrio Carlos Núñez, que hoy gozan de una casa nueva y sobre todo sin peligro.
Una historia similar tiene Roberto Clemente Brisuela. Él habitó durante más de cinco años en el barrio Carlos Núñez, exactamente en el cuerpo de un cerro, que en la época lluviosa amenazaba con derrumbarse.
“Vivimos con la posibilidad de un deslave, desde hace tiempo nos decían que nos iban a sacar, hasta que por fin lo hicieron gracias a Dios”, manifestó Brisuela.
Hoy está previsto que los miembros de la Unidad Humanitaria de Rescate (UHR) trasladen a 50 familias más del Padre Fabretto, para así no dejar ni una en este hogar improvisado.
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