Por Mario Guevara
La vi entre el tumulto de personas hambrientas haciendo fila por un almuerzo ¡Ahí está mi amiga de Facebook! —me dije casi inconscientemente—. Eran un poco más de las 12:00 del mediodía y aquel lugar estaba atestado de gente. Todos hablaban, todos reían y todos comían a la vez en aquel lugar. Yo no le despegaba la vista a aquella persona que le había dado “me gusta” a mis comentarios y fotos en la red social.
Definitivamente era hora para que mi amiga y yo nos conociéramos personalmente. Ella apenas ordenaba su comida frente a una cajera de falsa sonrisa. Yo, con mi bandeja roja en una mesa a la que tuve que correr para poder sentarme, “disfrutaba” de mis alimentos con otras tres personas que nunca había visto en mi vida y estoy seguro que jamás volveré a ver, pero seguía viendo de lejos a mi amiga.
Debo aclarar que todavía no me acostumbro a los llamados “food court” de los centros comerciales. Recuerdo que hace unos años comer era un acto privado, casi comparado con ir al baño. Hoy podemos descubrir mucho de una persona con solo ver qué come, qué toma, cómo mastica, si usa las manos o los cubiertos, en fin, es como exponer en una bandeja plástica parte de tu vida. Eso sí, estas plazas públicas de comida sirven para reencontrarte con conocidos, viejos amigos y hasta con las nuevas amistades de Facebook.
Mi amiga logró conseguir un lugar en otra mesa. Ya frente a su bandeja verde, se inclinó, no para orar, sino para tomar una foto a su comida, la que inmediatamente “subió” a su muro. Yo inmediatamente le dí un “me gusta” y además le comenté: “Buen provecho”. Ella respondió con una carita feliz. Yo seguí comiendo tratando de no prestar atención a la vaca que tenía entre los dientes uno de mis compañeros de mesa o dejar de ver el grano de arroz que le adornaba la comisura del labio al otro. Me enfocaba en un plan: levantarme en cuanto mirara que mi amiga terminaba de comer para ir a saludar y hasta invitarla a un café. O mejor eso no, porque puede pensar que estoy coqueteando con ella. “No, lo que pasa es que no tan seguido uno se encuentra a una amiga de Facebook”, le trataría de explicar a mi esposa cuando le contara que vi a una amiga y la invité a tomar algo.
Trescientas personas hablando al mismo tiempo no lograban sosegar aquel sonido que se produce con la lengua al separarla de golpe del paladar… ¡Señores otro de mis compañeros de mesa chasqueaba como cabra! Pero bueno, era el precio que tenía que pagar por saludar a una amiga entre las 999 amistades del “Face”, aunque leí en algún “muro” que según el antropólogo Robin Dumbar, hasta 150 amigos es el máximo que un ser humano puede tener. Cuarenta y cinco minutos después mi momento ha llegado. Ella toma su bandeja. Yo tomo la mía. Vamos al mismo mostrador donde se acomodan las portaviandas y se botan los desechos. El encuentro es inevitable. Yo practico en mi mente la frase para romper el hielo. Ella camina… ¡zas! Pasamos frente a frente, le sonreí y señores… aquí no ha pasado nada.
No me saludó, ni siquiera me reconoció y yo en mi mente me preguntaba dónde habían quedado aquellos “me gusta”, aquellos saludos del Día del Periodista o el día de mi cumpleaños. En ese momento recordé por qué la palabra “unfriend” (eliminar a alguien de la lista de amigos en la red) acabó siendo elegida palabra del año en 2009.
Incluso, según leí en un muro por ahí, el 17 de noviembre se celebra el día mundial de eliminar amigos por iniciativa del cómico estadounidense, Jimmy Kimmel.
Aquella tarde me tomé el café solo, pensando en lo sucedido. Muchos dirán que soy un delicado en cosas de la amistad, pues no, pero de repente uno se termina creyendo el cuento de Facebook. Ahora me pregunto ¿quienes son nuestros amigos realmente? La Real Academia Española (RAE) dice que la amistad es “afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”.
Ahora entiendo que esta definición no incluye la aplicación “compartir” de la famosa red social. La otra pregunta es ¿cuántos amigos necesitamos? El escritor español Pío Baroja decía que “un amigo en la vida es mucho, dos son demasiado, tres son imposibles”. Pero bueno, tampoco hay que ser tan drástico. Yo diría que si todavía te tengo en mi red social es porque realmente sos mi amigo o porque podrías llegar a serlo y si no estás ahí es porque definitivamente te borré del Facebook.
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