El general Julio César Avilés Castillo se mantendrá en el cargo de comandante en jefe del Ejército de Nicaragua, siendo la última institución que faltaba con un titular reelecto en el gobierno del presidente inconstitucional Daniel Ortega.
El anuncio fue hecho ayer por la primera dama y coordinadora del Consejo de Comunicación, Rosario Murillo, en su comunicación acostumbrada del mediodía.
Según el acuerdo presidencial leído por Murillo, Avilés asumirá su nuevo mandato por cinco años más el próximo 21 de febrero de 2015, es decir, dos meses después, como establece el Código de Organización y Previsión Social Militar.
Esta es la primera vez que se reelige a un jefe del Ejército desde 1994, afirma el coronel en retiro Irving Dávila, desde ese entonces se había mantenido el cambio periódico de la comandancia cada cinco años, hasta ahora.
Con las reformas al Código Militar el pasado 30 de enero se estableció que la permanencia del jefe del Ejército en su cargo dependerá del presidente de la República, ya que este tiene la atribución de nombrarlo. Esta reforma hace que el alto mando militar deba obediencia y lealtad a Ortega y no a las leyes.
La línea que prohibía la reelección del jefe del Ejército de Nicaragua en el artículo 8 del Código Militar desapareció con la reforma a esta Ley.
La jefa de la Policía Nacional, Aminta Granera, también fue reelecta en su cargo en 2011, pero de forma ilegal, porque cuando ocurrió esto aún no se había aprobado una nueva Ley de la Policía que permitiera la reelección.
El decreto explica que el Consejo Militar considera de forma unánime al general del Ejército Julio César Avilés Castillo un hombre “cuyos méritos profesionales y personales le acreditan suficientemente para ser nombrado comandante en jefe del Ejército de Nicaragua por un período de cinco años”.
RUPTURA DE LA CADENA DE MANDO
El diputado opositor Eliseo Núñez Morales manifestó que esta ruptura en la cadena de mando implica el sometimiento de los funcionarios militares al ejecutivo, porque le deben su posición a él y no a la escala de mandos.
“¿Qué puede pasar ahora? Que, por ejemplo, Ortega dé cualquier orden a algún coronel ‘rebelde’, rompiendo la cadena de mando que se deriva del jefe del Ejército y cuando el jefe del Ejército, suponiendo que no está de acuerdo con la orden de Ortega, lo quiera sancionar, Ortega lo nombra para un cargo ejecutivo, salvándolo así de su responsabilidad”, explicó Núñez.
“Saber que Ortega puede premiar con cargos civiles a los militares puede deteriorar el respeto militar a la cadena de mando”, agregó el diputado.
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