Sir Paul McCartney tiene 72 años y solo las arrugas delatan su edad. En una entrevista reciente en su oficina de Manhattan lucía tan jovial y ligero de pies como cuando se presentó décadas atrás en “The Ed Sullivan Show”, con su modo informal, delgado, ataviado con jeans y un suéter entallado.
Es tan joven de pensamiento que rechaza la idea de escribir unas memorias como septuagenario, como si el paso del tiempo aún no fuera algo de lo que preocuparse.
Los recuerdos se encuentran en su luminosa y moderna oficina, desde una foto blanco y negro de él con su difunta esposa Linda, hasta las pinturas abstractas de su fallecido amigo Willem de Kooning. Pero está aquí para promover el presente: la música que creó para Destiny, un videojuego para PlayStation y Xbox.
La premisa fue interesante en parte porque es igual de versado en los videojuegos que leyendo música (como muchos rockeros que no pueden), y porque la canción final que escribió la balada Hope for the Future (que quiere decir esperanza por el futuro), captura cómo contempla el mundo.
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