El barrio Campo Bruce podría ser solo uno más de Managua, con los mismos problemas que todos los demás. Aun con sus pulperías, tortillerías, agencias de gaseosa, pequeños gimnasios y ventas de ropa usada tiene una particularidad nada positiva: desde hace más de 16 años no hay agua y lo peor no es eso, sino que los pobladores ya se acostumbraron a esa realidad.
“NOTICIA SERÍA QUE UN DÍA NO SE FUERA EL AGUA”
Martha Alegría habla resignada en la puerta de su casa: “Este problema ha sido de años, tal vez en otros barrios hasta ahora se está viendo, pero nosotros creo que fuimos el primer barrio que sufrió esto. Tenemos años de estar sin agua. La semana pasada no vino más que solo a las 5:00 (de la mañana) y a las 6:00 ya se fue, solo una hora dilató y quedamos sin agua todo el día”.
Pero, ¿no le han preguntado a las autoridades por qué no tienen agua? Alegría niega con la cabeza. “No hemos averiguado nada, ya es como costumbre llenar todas las pichingas en la noche. Se llena, se medio lava, ya nos adaptamos, cuando nos dicen que se va el agua eso ya se sabe, eso ya no es noticia, noticia sería que un día no se fuera el agua, eso sí va a ser notición para nosotros”, puntualiza.
Mario Castillo también señala que “esto tiene más de 16 años y nunca ha habido una explicación de parte de Enacal (Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados), los recibos sí son puntuales, pero explicaciones no hay. Ahorita el recibo de nosotros está saliendo de 350 (córdobas) y no hay agua en todo el día, llevamos todo este tiempo y en esa parte no hemos mejorado nunca”.
Justa Pastora Meza, de 60 años, tiene una pequeña tortillería en el barrio en el que ha habitado más de la mitad de su vida y en donde siempre ha visto grifos secos.
“Yo tengo 32 años de vivir aquí y nunca ha habido agua, no hay desde las seis de la mañana y tenemos hasta en la noche y uno tiene que dar a lavar a otro lado porque no hay agua, damos a lavar ajeno, tenemos que pagar para que nos laven la ropa, pero los recibos vienen altísimos, ahorita me vino uno de cuatro mil y pico de pesos”, dice sin dejar de palmear sus tortillas junto a otras compañeras.
Una de las mujeres se acerca. “Fíjese que en el sector donde yo vivo, aquí mismo, viene (el agua) hasta la una de la madrugada y se va a las cinco y media y uno se tiene que desvelar, bañarse de madrugada y si te dormiste y te levantaste hasta las cinco no llenás”.
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