Piketty y el “punto de inflexión” de Lewis

El premio Nobel Sir Arthur Lewis sostuvo que la mano de obra excedente en la agricultura establece un bajo techo para los salarios urbanos. Esto implica que, mientras este excedente de fuerza de trabajo se está trasladando a las ciudades a trabajar en la industria, será sumamente rentable invertir en la expansión de las actividades manufactureras.

El premio Nobel Sir Arthur Lewis sostuvo que la mano de obra excedente en la agricultura establece un bajo techo para los salarios urbanos. Esto implica que, mientras este excedente de fuerza de trabajo se está trasladando a las ciudades a trabajar en la industria, será sumamente rentable invertir en la expansión de las actividades manufactureras.

Si estos altos beneficios son reinvertidos, y la industria genera los rendimientos crecientes esperados, la productividad crecerá con rapidez y los bajos salarios dan lugar a costos salariales unitarios en descenso. Como resultado de esta combinación de una oferta ilimitada de mano de obra barata, reinversión y rendimientos crecientes la tasa de crecimiento de la economía será muy alta.

En esta fase, debido a que los salarios reales crecen muy por debajo de la productividad, se producirá un incremento considerable en la desigualdad del ingreso, dado que porcentajes crecientes de este se concentrarán en la parte que corresponde a los inversionistas mientras la parte de los salarios se retrae.

Pero en algún momento, la fuerza de trabajo excedente será absorbida por el sector moderno y se volverá escasa, hasta elevar el precio del trabajo. Este es el “punto de inflexión” de Lewis. Los beneficios se reducirían y las tasas extraordinarias de inversión y los ritmos de crecimiento económico se reducirían a niveles más normales.

El incremento desusado en la desigualdad de ingresos que se produjo en buena parte de los países hoy desarrollados entre las primeras décadas del Siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX según lo documenta el economista francés Piketty, se corresponden con la fase en que estos países se estaban industrializando y urbanizando, mientras absorbían la fuerza de trabajo excedente de la agricultura.

En estos países, el punto de inflexión de Lewis y el proceso de urbanización culminaron en las primeras décadas del Siglo XX. A partir de ese momento, las condiciones estaban dadas para que iniciase un reequilibrio en la distribución del ingreso a favor de los salarios, que en efecto se produjo.

Pero en las siguientes décadas los trabajadores de los países desarrollados comenzaron a sentir la competencia de los cientos de millones de trabajadores de países asiáticos que estaban experimentando su propio proceso de traslado de la fuerza de trabajo desde la agricultura a la industria, siendo la incorporación de la inmensa China al mercado mundial el punto culminante que terminó de dar al traste con el poder de negociación de los asalariados en el mundo desarrollado.

Asistimos de nuevo a un nuevo incremento en la desigualdad, debido a que, otra vez, la productividad volvió a crecer más rápido que los salarios reales, de manera que el ingreso vuelve a concentrarse a costa de una disminución de la participación de las rentas del trabajo en el valor agregado.

La interrogante es que sucederá ahora que China ha alcanzado el punto de inflexión de Lewis y arribando a la fase de envejecimiento, mientras, en las próximas décadas, el envejecimiento avanzado en los países desarrollados dará lugar a una redu

cción de la fuerza de trabajo. ¿Podría acaso esta reducción en la fuerza de trabajo asociada al envejecimiento producir un nuevo reequilibrio en favor de los salarios?.

En realidad, la fuerza de trabajo se torna escasa y da lugar a un incremento de los salarios reales solo cuando una economía en rápido crecimiento genera una importante demanda de fuerza de trabajo y un incremento en los salarios.

Pero todo indica que las tasas de ahorro e inversión y de crecimiento serán menores en el futuro, de manera que no parece evidente que la reducción de la fuerza de trabajo debida al envejecimiento se traduzca en una escasez relativa de esta en relación a su demanda que propicie una nueva mejoría en la distribución.

(*)Economista [email protected]

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